Desde el otro lado de la puerta: carta a los profesionales de la UCI

UCI4En mi última entrada, una enfermera de la UCI escribía a los familiares de su paciente. La difusión de la entrada fue brutal, se compartió miles de veces y las estadísticas del blog se desbordaron. Algunos de los comentarios que escribisteis recordaban que también los profesionales tenemos que aprender a ponernos en lugar del paciente y ser conscientes de lo difícil que es estar “al otro lado de la puerta”, esperando noticias sobre la evolución de un familiar. Está bien, recojo el guante: ya hemos oído a los profesionales; escuchemos ahora a los pacientes.

Querido médico, enfermera, auxiliar…:

Sé que te sorprendo a veces con mi actitud, que puede parecerte desconfiada, e incluso desafiante. Compréndeme: mi hermano ha ido de mal en peor, todo se ha complicado una y mil veces hasta terminar en la UCI, en una situación que no entiendo, con un montón de monitores que me aturden y con todos esos tubos… ¿Cómo no voy a desconfiar de la Medicina, así, en general? No estaba preparado para esto (¿alguien lo está?). Eso me hace reaccionar a veces de un modo extraño, en el que ni yo mismo me reconozco. Me tranquiliza saber que lo has visto en otros familiares y no me lo tendrás en cuenta.

Perdona si el primer día irrumpí exigiendo explicaciones y buscando culpables. Era solo un mecanismo de defensa, una forma de  ganar tiempo para hacerme a la idea de lo que estaba pasando. Todo sucedió tan de repente… Gracias por no juzgarme entonces (ni ahora).

Es posible que nunca te haya dado los buenos días cuando entro a la sala de información. Estoy concentrado en tu gesto, intentando adivinar si las noticias de hoy serán buenas o malas. Necesito prepararme. Necesito que seas tú el que me tiendas la mano e inicies la conversación. Necesito que me sonrías y me dejes abierta la puerta a la esperanza. Necesito que me hables con serenidad, que resuelvas todas mis dudas, incluso las más absurdas, necesito que me dejes llorar o me transmitas con un gesto la fortaleza que no tengo. Necesito que me ocultes tu prisa, que me hagas pensar que tienes todo el tiempo del mundo para mí. Tu lenguaje no verbal me dice mucho más de lo que crees: te necesito cercano y acogedor. Necesito tus palabras y, a veces, necesitaré también tus silencios.

Cuando salpicas tu información de palabras incomprensibles para mí (sé que te es difícil evitarlo), me desconciertas. A  veces no sé si es bueno o malo lo que estás contando. En ocasiones ni siquiera soy capaz de repetirlo a los que me esperan fuera, o de buscarlo en Internet. Pero si me das la oportunidad de preguntarte mis dudas, si me invitas a pedirte más explicaciones, podré entenderte y marcharme mucho más tranquilo. Necesito que te adaptes a mí, a mi edad, a mi nivel cultural, a mi implicación emocional con tu paciente, a mi situación de bloqueo provocada por la preocupación. Por favor, no te enfades si te pregunto lo mismo varias veces. Solo quiero asegurarme de que te estoy entendiendo bien.

Cada mañana, ten en cuenta que no sé nada desde ayer, que han pasado más de 12 horas y he pensado muchas veces en lo peor. Recuerda que, probablemente, no he dormido bien y estoy irritable. No olvides que esos diez minutos de retraso en la hora de la información o de la visita (sé que estabas atendiendo a otro paciente, sí) fueron para mí horas. Tus palabras serán para mí como un veredicto, que me hará mantener la esperanza o hundirme en la desesperación. Elígelas con cuidado.

Sé franco conmigo, incluye en tus explicaciones tus dudas, las complicaciones que se presenten o los límites con los que la Medicina se topa. No te restará autoridad ante mis ojos, sino que, más bien, me ayudará a descubrir tu lado humano. Y ten por seguro que eso me hará bien.

No pienses que desconfío de tus cuidados cuando pido algo con insistencia para mi madre. Yo no sé qué alarmas son importantes y cuáles no, por eso me pongo nervioso si no vienes enseguida. Quizá, si me lo explicas, la visita nos tranquilizará a ella y a mí, en lugar de ser un momento aún más tenso. 

No sé si te has dado cuenta de lo importante que fue para mí que me animaras a hablar con mi esposa inconsciente, a cogerle la mano o a besarle. Hasta ese momento había pensado que podría provocar algún estropicio. Gracias por permitirme participar en sus cuidados, por dejar que fuera yo el que le diera la cena, por mirar hacia otro lado cuando se acabó la hora de visita para que pudiera quedarme con ella, que estaba especialmente inquieta. Quizá sean las últimas veces en las que pueda prestarle algún servicio, y lo guardaré siempre en mi memoria como un tesoro.

Claro que sé que ese gesto impaciente, esa palabra cortante o esa queja apenas reprimida se deben a la tensión que soportas, a que llevas muchas horas sin dormir, a que el sistema no te trata bien. Pero mi dolor es tan grande que lo ha llenado todo y no soy capaz de interpretarlo así. En estos momentos, tu brusquedad me hace daño. Sé que te pido algo casi heroico, pero te agradeceré tanto que dejes tus problemas en la taquilla para centrarte en los de mi hijo enfermo… No me importa que llores, eso no. Pero intenta ser amable, también cuando yo no lo haya sido. Especialmente entonces.

Aunque nunca te lo haya dicho, agradezco todo lo que haces por él. Desde lo más estrictamente profesional hasta ese gesto delicado, esa broma para animarle, ese detalle para que esté más cómodo. Agradezco que te pares a hablar conmigo, que me animes, que hables con mi padre aunque no te pueda escuchar, que te saltes los horarios establecidos para hacérmelo más fácil. Probablemente no soy consciente de muchas cosas, pero me doy cuenta de que estás haciendo todo lo posible. 

Desde hoy, eres alguien importante en mi vida. Seguramente te recuerde siempre, independientemente de cuál sea el desenlace. Intenta ser un recuerdo amable en medio de tanto sufrimiento. Facilítame, si llega el caso, el momento de la despedida. Tendré que vivir con ese peso toda mi vida. Procura que tu cercanía en esos momentos quede para siempre en mi memoria como un bálsamo para mi dolor. 

Termino ya. No sin antes recordarte que, aunque no sepa expresarlo, incluso aunque nunca te lo llegue a decir, agradeceré siempre tu trato humano, tu sonrisa amable, tus palabras serenas, tus cuidados atentos. Gracias por tu saber y tu profesionalidad pero, sobre todo y ante todo, gracias por tu humanidad. 

Solo quería que supieras esto que, probablemente, nunca me atreveré a decirte.

Atentamente,

Un familiar de tu paciente.

 

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18 respuestas a Desde el otro lado de la puerta: carta a los profesionales de la UCI

  1. Pedro Montilla de Mora dijo:

    ¡ Dios mio, toda la familia en la UCI !
    Es estupendo chicos. Si me lo permitís lo usaré en mis clases – me toca desasnar a unos pocos aspirantes a médico -.
    Gracias

  2. pepa dijo:

    yo soy de la profesión, pero he pasado a ser familiar y lo entiendo perfectamente, se me olvido en ese momento que yo era sanitario por lo que no entendía que pasaba,te comprendo perfectamente, gracias, lo usare si no te importa para que todos podamos ser mas generosos.

  3. olga nubia lujan mesa dijo:

    Definitivamente verdadero,la parte humana del personal de la salud no existe, y esa parte es fundamental,porque no somos mercancía aunque el sistema ya nos mira como clientes y no como usuarios.En esos momentos las palabras por duras que sean son remanso de tranquilidad ante la incertidumbre de no saber que pasara con nuestro familiar,pero mejor no se pudo expresar.

    • anadeph dijo:

      No te entiendo, Olga. ¿Te parece que no existe la parte humana del personal de la salud? Si te refieres a que no nos forman o a que el sistema no lo favorece, ok. O a gente concreta quemada antes de tiempo, también ok. Pero hay mucho caudal humano en el personal sanitario. Yo lo experimento cada día. Un saludo

    • Sara Gonzalez dijo:

      Ojo, no generalicemos,hay mucjho sprofesionales muy humanos.Hay que mejorar no hay dudas ,pero se observa que se ha ido cambiando de actitud.
      Sara -Uruguay

  4. Mónica Lanza dijo:

    Como la vida misma, Ana… La mayor parte de lo que escribes, es perfectamente aplicable a los pacientes y profesionales de las plantas de hospitalización. Deberíamos leer este texto, o alguno similar, hasta aprenderlo de memoria para tener presentes permanentemente las necesidades de los familiares de nuestros pacientes.
    El “Sistema” nos exige que trabajemos como máquinas (mucho, rápido y sin errores) y eso hace que, en ocasiones, lleguemos a actuar como si lo fuésemos. Implicarse y ponerse “en la piel del otro” es duro y duele, pero nunca debemos olvidar que somos personas trabajando para otras personas. Esa es el alma de nuestro gremio. Gracias.

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  8. Para quien haya tenido a algún familiar grave o gravísimo en una UCI , esta publicación es de lo más verdadero que pueda haber…y sería muy deseable que el personal sanitario tuviese charlas sobre el tema para que no pierdan de vista que la familia de un enfermo lo que más pide, es información veraz y oportuna.
    Felicitaciones para Ana.

  9. Ramón Díaz-Alersi dijo:

    ¡Enhorabuena, Marea Blanca!

  10. Pilar Pérez Palacios dijo:

    Me he emocionado muchísimo porque me he puesto en el lugar del familiar, yo también quiero lo mejor para los mios . Entre todos vamos a contribuir. Pues equipo de intensivistas esta cualificado , es de sensibilidad extrema y por supuesto de máxima calidad humana igual que el resto del equipo de sanidad .Así que demos ea oportunidad en casos excepcionales

  11. Marcela dijo:

    Olga nulbia lujan, te cuento q soy enfermera de uti y aveces cubro utim, siempre he destacado la parte humana de mis compañeros y mía, la de entender a la familia q entra a ver a su ser querido, no es fácil para nosotros, para mi no lo es, y eso q tengo 22 años en esta hermosa profesion, q nos hace tan útil ante el dolor, nunca digas q no somos humanos, o q somos frio, debemos ser fuertes por nuestros pacientes y por ustedes, y si por ahí te encuentras con alguien q no entienda el mal momento o crees no ser entendido hablarlo y te darás cuenta que llevamos el dolor dentro nuestro y debemos.aparentar ser fuerte por ustedes, no califiques a todo el personal.de la salud x unos cuantos, no lo merecemos lo que entregamos todo.

  12. Dagna dijo:

    permítame usarlo….son palabras perfectas para momentos tan difíciles…gracias por compartir…..

  13. Caro dijo:

    Muy lindo mensaje, creo que esas características en general las necesitamos quienes atendemos a pacientes en UCI. No todos ven el lado humano en cuanto a la familia y al paciente, pero a veces igual entiendannos cuando estemos intentando hacer todo con nada o simplemente evitamos la situación para no terminar llorando frente a los familiares haciendolos sentir más inseguros del estado de su paciente a veces tenemos mucho que recordar en el minimo de tiempo. Y como personal de uci quisiera que cada vez que van a ver a su familiar compartan con el disfrutenlo en la medida que puedan dejándonos en segundo plano sin estar mas preocupados de lo que hacemos que del paciente y por último crean o no cada uno de los que trabajamos en el lugar cargamos con la muerte el sufrimiento y el dolor de muchos tal vez no de seres cercanos pero tampoco es fácil sobrellevar con todo aquello. Me gustó mucho la carta y trataré de llevarlo a cabo cada día pero por favor dentro de toda la desesperación que sienten intenten imaginar los dias intentando hacer lo imposible.

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