Mucho más que una pinza: sir Ivan W. Magill

La historia de la intubación endotraqueal tiene muchos nombres propios que han llegado a nosotros a través de los dispositivos que inventaron, desde Miller y Macintosh hasta el simpático doctor Frova (al que tuve la suerte de conocer personalmente en un curso). Pero, sin duda, el que merece un lugar de honor en esta historia es Ivan Magill, médico, inventor y genio, sin el que la Anestesiología y la Medicina Intensiva no serían lo mismo hoy en día.

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Sir Ivan Whiteside Magill nació el 23 de julio de 1888 en Larne, Irlanda del Norte.

Se graduó en 1913 en la Queen´s University de Belfast, donde le expidieron un certificado confirmando que durante la carrera había recibido formación práctica en uso de anestésicos y había administrado “una anestesia” en el Royal Victory Hospital de Belfast. Magill comentaba que, por aquel entonces, la idea de tener que hacerse responsable de una anestesia le daba pánico (no es de extrañar, con semejante formación).

Certificado

El “título de anestesista” de Magill

De hecho, Magill empezó trabajando en Leicester (Inglaterra) como médico general, y más tarde se decantó por la cirugía, disciplina en la que se formó en los hospitales de Stanley y Walton, en Liverpool, y que la parecía más fácil que la Anestesia.

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Los dos hospitales en que se formó Magill como cirujano

Durante la Primera Guerra Mundial trabajó como Oficial Médico del ejército irlandés, participó (siempre como médico) en algunas batallas y atendió un hospital de campaña cerca de Rouen. Al terminar la guerra, fue destinado al Hospital Militar de Barnet donde, entre otras cosas, tuvo que administrar anestésicos en alguna ocasión. Probablemente fue allí donde perdió el miedo y se reconcilió con la práctica de la Anestesiología.

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El flamante Oficial Magill

A principios de 1919, ya terminada la guerra, fue a trabajar con Harold Gillies, un reputado cirujano maxilofacial del Queen´s Hospital, en Kent. Se trataba de un hospital especializado en las lesiones faciales provocadas por la Gran Guerra, en el que Magill se encargaría de la administración de los anestésicos.

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El Queen´s Hospital, donde nacería la intubación endotraqueal

La anestesia consistía entonces, generalmente, en una mezcla de aire y éter que se administraban a través de una especie de cánula faríngea de goma. Era un sistema ingenioso y más sofisticado que la administración mediante mascarilla facial (implanteable para la cirugía maxilofacial), y sin embargo la tesis doctoral de Magill sobre el tema no fue admitida por ser considerada sin interés. Lo que demuestra que, si alguna vez os rechazan una tesis doctoral (como les pasó a Magill o a Seldinger), no debéis desanimaros: estáis en el camino de la genialidad.

Pero volvamos a la anestesia. El sistema de insuflación faríngea suponía varios problemas: la vía aérea no estaba aislada y además no se podría vencer una obstrucción de la misma en el caso de producirse. Pero había una dificultad más importante, que el propio Gillies haría notar a Magill: el cirujano que operaba cerca de la cara del paciente recibía una dosis nada despreciable del anestésico que éste exhalaba. Gillies no era consciente de la repercusión que tendría su propuesta cuando sugirió a Magill que buscara un método para no acabar él mismo anestesiado: la intubación orotraqueal estaba a punto de nacer.

gilliesSir Harold Gillies fue pieza clave, sin pretenderlo, en el nacimiento de la intubación endotraqueal

La solución, como tantas veces, apareció casualmente. En 1922, Magill estaba intentando anestesiar a un soldado que iba a ser intervenido de una grave deformación mandibular. Debido a la alteración anatómica, el catéter faríngeo no permitía una correcta espiración, por lo que el paciente no podía ser adecuadamente ventilado. Sobre la marcha, Magill decidió colocar un segundo catéter por vía nasal que, probablemente apoyado en el primero, llegó directamente hasta la tráquea. La situación respiratoria del paciente mejoró de forma drástica.

Magill no solo había salvado la vida de aquel soldado sino que, sin pretenderlo, había resuelto el problema del cirujano: una vez colocados los dos catéteres, se podía llenar de gasas la faringe, de forma que la espiración del gas anestésico solo podía realizarse por el interior del tubo traqueal: de este modo, el cirujano no compartiría la anestesia con su paciente. Magill adoptó desde entonces la técnica de doble catéter; su colega Edgar Rowbotham diseñó un fiador para facilitar el paso hasta la traquea del segundo catéter.

Es en 1928, sin embargo, cuando Magill describirá una técnica similar a la que se emplea hoy en día. Había diseñado un tubo biselado de goma y descrito la “posición de olfateo”, la que todos utilizamos actualmente para intubar. Guiado solamente por los sonidos respiratorios, era capaz de intubar a ciegas a través de la nariz (yo aún he visto hacerlo así a alguno de mis adjuntos) y confirmar la correcta posición del tubo. En 1932 ofreció una demostración a la Sociedad de Anestesiología: los anestesistas presentes quedaron deslumbrados y su técnica fue rápidamente adoptada por todos. La intubación nasotraqueal será la más empleada desde entonces hasta que se desarrollen la laringoscopia y el bloqueo neuromuscular.

Pero cuando Magill empezaba a intubar había un problema añadido: el de los materiales. Los únicos tubos de goma disponibles en el hospital eran los drenajes quirúrgicos, pero no tenían la consistencia suficiente para permitir la intubación. Las fábricas no estaban en absoluto interesadas en los avances de la anestesia, por lo que encontrar tubos adecuados se convirtió en una pesadilla para Magill. Finalmente encontró una tienda en Tottenham Court Road que vendía bobinas de tubos de la consistencia que él buscaba, y consiguió que le reservaran los extremos de cada bobina. La tienda fue destruida por una bomba en la Segunda Guerra Mundial, pero para entonces Magill ya había conseguido que le fabricaran los tubos a medida.

Una vez desarrollada la técnica de intubación, la capacidad de invención de Magill y su destreza manual se pusieron a trabajar en diversos artilugios que facilitaran la colocación de los tubos y la administración de gases anestésicos. Ya en 1920 diseñaría las pinzas que llevan su nombre, que permitían pasar el tubo produciendo menos lesiones que el fiador rígido de Rowbotham, y que aún hoy se encuentran en todos los carros de intubación.

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Las pinzas de Magill, tal y como las conocemos hoy

En 1921 diseñaría el primer aparato portátil de anestesia, que insuflaba una mezcla caliente de aire y éter, y permitía aplicar presión positiva. En 1923 diseñaría un segundo aparato, también portátil, que permitía mezclar aire, éter y óxido nitroso en proporciones variables. En 1932, Magill mejoraría sus aparatos incorporando sensores de flujo de los gases. También es idea suya el circuito que lleva su nombre y forma parte habitualmente de las máquinas de anestesia.

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La máquina original de 1921

Más aún: Magill no se conforma con intubar a ciegas (supongo que no siempre lo conseguiría, intubar “de oído” es más que difícil, sobre todo en pacientes sin respiración espontánea). Por eso en 1927 diseña un laringoscopio con luz, que permite ver y controlar la epiglotis, y avanzar los tubos bajo visión directa. Aunque su diseño difiere bastante del de los laringoscopios que conocemos ahora, la pala no es muy diferente de la de Miller.

Laringoscopio-Original-de-Magill-300x224Laringoscopio original de Magill

Magill no solo era inventor, era también un trabajador incansable. Por eso, una vez que el trabajo en el Queens Hospital se redujo lo suficiente tras la Gran Guerra, Magill se trasladó a Londres y se especializó en anestesiar cirugía torácica en el Westminster Hospital. Allí permaneció durante la Segunda Guerra Mundial, salvando la vida de milagro cuando su casa fue destruida por una bomba en 1941.

También fue responsable de otros avances de la anestesia en Inglaterra, entre los que se cuentan la introducción de nuevos fármacos o los primeros pasos de la Anestesiología como especialidad. Recibió el título de Sir de manos de la Reina en 1960.

Magill murió el 25 de noviembre de 1986, a los 98 años de edad. Había seguido anestesiando pacientes hasta los 84. Los anestesistas y los intensivistas le hubiéramos concedido el Premio Nobel sin dudar, pero la Academia Sueca tampoco se acordó de él.

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4 respuestas a Mucho más que una pinza: sir Ivan W. Magill

  1. neumocito dijo:

    Interesantísimo, y desconocido para mí. Gracias por traerlo,…

  2. Me sigue encantando esta sección… Continúa please

  3. anadeph dijo:

    Gracias a los dos 😉

  4. Pingback: Arthur E. Guédel: la cánula que salva vidas | Curar a veces, aliviar a menudo, consolar siempre

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