Liarla parda

mafalda

Yo no fui una niña especialmente problemática. Pero alguna que otra vez la he liado parda. El esquema era más o menos así:

1. Mi madre se había pasado tiempo (pongamos dos años) advirtiéndome de que estaba equivocada y no iba a conseguir resolver mis problemas por el camino que a mí se me había ocurrido. Ella tenía más experiencia y mucho interés en que yo hiciera bien las cosas. Al fin y al cabo, ella era la profesional en este campo. Pero yo no la escuchaba.

2. Yo me empeñaba en no hacerle caso, quizá asesorada por algún hermano con conflicto de intereses. Y la liaba, a veces hasta la catástrofe.

3. Entonces llegaba el “periodo electoral”: se acercaba la fiesta de fin de curso y, si mantenía el conflicto con mi madre, a lo mejor no me dejaba salir. Ella llevaba las de ganar. Había que solucionarlo.

En este momento yo podía tomar dos determinaciones:

A. Intentar convencer a mi madre de que yo tenía la solución desde el principio, de que todo lo que ella llevaba años diciéndome era, en realidad, idea mía, y que en pocos meses solucionaría lo que llevaba dos años liando. En un arranque suicida podía incluso intentar convencerla de que la culpa del desastre era suya, porque yo tenía la solución desde siempre. Podía incluso plantear mis buenos propósitos (nunca cumplidos) de hacía varios años como si fueran nuevos. Y ya, para liarla del todo, podía mantener esta conversación con otra persona, no con ella que había sido una de las “partes en conflicto”. Mejor hablarlo con alguien que estuviera de mi parte y no me pudiera llevar la contraria.

B. Asumir mis errores, decir “lo siento, tenías razón, si te hubiera escuchado…”. Asumir sus “reivindicaciones históricas”, aprender de ellas, buscar el consenso. Y retirar explícitamente todo lo que pudiera haberla ofendido en mis “declaraciones” previas.

Supongo que se os ocurre cuál de las dos opciones elegía yo, que era una chica lista y conocía mis limitaciones. Con la opción A igual las cosas en casa podían incluso mejorar, pero yo seguiría castigada. Con la B podía conseguir lo que me proponía o no, pero tenía opciones de solucionar el conflicto. Pero, claro, yo no soy político.

Como no tengo en el blog la etiqueta “conflictos con mi madre”, etiquetaré esta entrada como Sanidad Pública. Espero que lo entendáis 🙂

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Esta entrada fue publicada en Sanidad Pública. Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a Liarla parda

  1. neumocito dijo:

    El problema de la analogía, querida Ana, es que entre una madre y un hijo, hay algo más que un interés en que vaya todo bien. Hay una entrega desinteresada y “amor materno-filial”. La relación “ciudadano-votante” y político dista mucho de estar basada en valores “desinteresados”.
    Un saludo

  2. La madre aunque no tenga estudios, siempre esta sobradamente preparada para ejercer de eso, de madre (y valga la redundancia)… y con errores como todo el mundo, siempre hace bien su labor…, el político aunque con estudios (algunos) lo de hacer bien su labor son palabras que no pueden conjugarse en la misma frase, salvo contadas excepciones ¿o no? ;)))

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