Joseph Babinski: un gigante de la semiología

Jozef_Babinski

Joseph Jules François Félix Babinski nació en París el 17 de noviembre de 1857. De origen polaco, sus padres emigraron a Francia ante las represalias rusas contra los movimiento independentistas de Polonia.

Estudió en la Universidad de París, donde se doctoró en 1884 con una tesis sobre la “esclerosis en placas” (esclerosis múltiple). Alumno de Charcot en el Hospital de la Salpêtrière, pronto se convirtió en su alumno preferido. De esta relación científica obtendría Babinski un gran conocimiento de la neurociencia de la época, pero también le generó un enorme problema: el tribunal que debía seleccionarle en 1888 para la docencia universitaria estaba presidido  por Charles Bouchard, enemigo acérrimo de Charcot. Ni Babinski ni Gilles de la Tourette, ambos discípulos de Charcot superaron el examen. Ya se ve que los cargos a dedo no son solo de nuestra época…

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Charcot dando una clase sobre la histeria. Babinski es el que sujeta a la paciente.

Decepcionado, Babinski abandona toda intención de dedicarse a la docencia, máxime tras la muerte de Charcot y Broca, sus principales mentores. Empieza entonces a a trabajar en el Hospital de la Pitié. Allí dispondrá de mucho más tiempo libre, que dedica a la investigación neurológica. Se le conocía como un clínico extraordinariamente observador, de pocas palabras, que basaba el diagnóstico en la exploración física, sin apenas requerir pruebas complementarias ni apoyo anatomopatológico.

Tras haber estudiado a fondo la “histeria” con Charcot (lo que hoy llamaríamos trastorno conversivo), se empeñó en encontrar criterios diferenciales entre dicha patología y las enfermedades orgánicas del sistema nervioso. Así descibirá la alteración del reflejo cutáneoplantar, por la que será universalmente recordado

En 1896, en la reunión de la Sociedad de Biología francesa, Babinski presenta un trabajo de apenas 26 líneas sobre el signo que tomaría su nombre. Lo llamó fenómeno de los dedos del pie, presente en pacientes con lesión piramidal o parálisis espástica congénita. No se centró en la extensión del pulgar, sino en la de todos los demás dedos. Se trata de un reflejo presente en los neonatos, por lo que se suele interpretar como una regresión a una etapa muy precoz del desarrollo. Hoy en día, la exploración del reflejo cutáneo-plantar forma parte de cualquier exploración neurológica.

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Esta imagen de la wikipedia contiene el clásico error: no existe el Babinski positivo o negativo, sino el reflejo cutáneoplantar extensor (signo de Babinski) o flexor.

Otros epónimos en su honor son los del síndrome de Anton-Babinski (ceguera occipital), el síndrome de Babinski-Frolich (distrofia adiposo-genital) y los de Babinski-Nageotte (consecuencia de la lesión bulbar unilateral), Babinski-Foment (trastorno vasomotor y trófico tras lesión traumática de los tejidos) y Babinski-Vázquez (tabes dorsal con alteración cardiaca y arterial).

Su extraordinario conocimiento de la semiología le permitió afinar en la localización de las lesiones neurológicas, e incluso describió una regla para localizar las lesiones medulares (regla de Babinski-Jarkowski). De este modo hizo avanzar la neurocirugía en Francia mucho antes de que existieran las pruebas de neuroimagen. De hecho, días antes de su muerte afirmó que su mayor contribución a la Medicina no era el reflejo que lleva su nombre, sino haber abierto el camino a Martel y Vincent, pioneros de la neurocirugía en Francia. En esos primeros años de la cirugía francesa, Babinski les había remitido pacientes con tumores medulares, facilitando a los cirujanos la exacta localización de la lesión.

Cultivado y amante de la música y la literatura, llegó a escribir una obra de teatro (Les détraqués) en colaboración con Pierre Balau, bajo el pseudónimo de “Olaf”. Aunque no se casó (vivió siempre con su hermano Henri), acogió a las tres hijas huérfanas de un amigo.

Babinski murió en París el 29 de octubre de 1932, a causa de una enfermedad de Parkinson que le había afectado durante años. En palabras de sus contemporáneos, había trabajado siempre para la neurología, no para su propia gloria.

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