Jonas Salk: el hombre que no quería patentar el sol

Ayer habría cumplido 100 años. Gigante entre los gigantes, el hombre que regaló a la humanidad la vacuna de la poliomielitis merece una entrada en esta sección. ¡Feliz cumpleaños, doctor Salk!


Dr_Jonas_Edward_Salk_(cropped) Jonas Salk nació en Nueva York el 28 de octubre de 1914. Hijo de inmigrantes ruso-judíos, su infancia se desarrolló en los barrios más pobres de Nueva York. Sus padres, especialmente preocupados por ofrecer a sus hijos la educación que ellos no habían tenido, consiguieron que estudiara en la Escuela Secundaria Townsed Harris, una escuela pública que permitía estudiar a hijos de inmigrantes con pocos recursos. De altísimo nivel académico, exigía a sus alumnos realizar en tres años los estudios que en otras escuelas se hacían en cuatro.

Salk ingresó después en el City College de Nueva York, y de allí pasó a la New York University, donde estudió Medicina. En realidad, Salk nunca quiso ser médico asistencial; muy pronto se decantó por la investigación, especialmente en el campo de la microbiología. Consideraba que así no ayudaría “a unos pocos pacientes, sino a toda la humanidad”. Probablemente nunca imaginó que esta frase se haría realidad de una forma tan literal.

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El City College de Nueva York. En aquella época Salk decía que no le atraían las ciencias sino “las cosas humanas”. Quizá es que es lo mismo…

Salk se introdujo en el campo de la virología de la mano de Thomas Francis. Ambos protagonizaron el episodio más negro de la historia de Salk, al realizar estudios infectando deliberadamente con el virus de la gripe a pacientes de diversos hospitales psiquiátricos de Michigan. Más tarde, Salk volvería a coincidir con Francis durante su residencia en el Monte Sinaí.

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Thomas Francis y Jonas Salk (fuente: polioplace.org)

Concluida su especialización, Salk encontró enormes dificultades para seguir investigando, ya que no podía seguir en el Monte Sinaí, a la vez que muchas otras instituciones tenían numerus clausus para los judíos.

Tras varios trabajos menores y una época en un pequeño y poco preparado laboratorio en el Hospital Municipal de Pittsburgh, Salk recibió la oferta que le haría entrar por la puerta grande en la historia de la Medicina.

En 1948, la National Foundation for Infantile Paralysis le propuso participar en su proyecto sobre la polio, impulsado por el propio presidente Roosevelt, que había padecido esta enfermedad en la infancia. Inicialmente se trataba de conocer cuántas cepas distintas del virus existían. Aunque era un trabajo tedioso, Salk aceptó enseguida, ante la promesa de que una vez terminado el proyecto podría disponer de los medios para continuar su propia investigación.

Es en ese entorno donde Salk empieza a pensar en la posibilidad de crear una vacuna, utilizando virus muertos. La preocupación social por la epidemia era tal, que millones de americanos colaboraron en la financiación del proyecto, algunos aportando unos pocos centavos, pues era todo lo que tenían. Tras varios ensayos en animales y un estudio piloto con pocos voluntarios (entre los que se encontraban su esposa y sus tres hijos), Salk pone en marcha un gran ensayo con casi dos millones de niños.

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¿Es este el año? Se preguntaba la revista Time en el número que le dedicó en 1954

El 12 de abril de 1955, Thomas Francis, el que había sido siempre su mentor, anuncia en una multitudinaria rueda de prensa el éxito de Salk: la vacuna era segura y efectiva. Salk se hace mundialmente famoso en pocas horas. Ese mismo año empieza a comercializarse masivamente.

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La vacunación universal no se consiguió enseguida. En 1991, los sellos sudafricanos seguíann animando a los padres a vacunar a sus hijos…

En 1956, Albert Sabin diseña una vacuna de virus atenuados, de administración oral. Sesenta años más tarde, la poliomielitis es ya una enfermedad casi erradicada, endémica únicamente en tres países (Pakistán, Afganistán y Nigeria), según los últimos informes de la OMS.

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Albert Sabin: su vacuna oral, hoy la más empleada, facilitó enormemente las campañas masivas de vacunación

Aunque la National Foundation sí lo pensó en algún momento, Salk nunca quiso patentar su vacuna. Entre otras cosas, porque era consciente de que se había desarrollado gracias a la aportación económica de miles de ciudadanos anónimos. Preguntado al respecto, Salk respondía “No hay patente. ¿Se puede acaso patentar el sol?”.

Jonas Salk murió en La Jolla, California, el 23 de junio de 1955. Sus restos descansan en El Camino Memorial Park, en san Diego.

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“La esperanza descansa en los sueños, en la imaginación y en el valor de quellos que se atreven a hacer los sueños realidad”. Jonas Salk.

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5 respuestas a Jonas Salk: el hombre que no quería patentar el sol

  1. fitero dijo:

    muy interesante, como siempre. Nadie hizo más por la desaparición de los pulmones de acero (y mira que me cae bien Ibsen) que Salk y Sabin.
    https://encrypted-tbn2.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcRhOq5J6OVIjxl6ltlhxj73NqnMGJK-wj3eRPrQtYkdH7ER1G7NcA

    La reflexión, en estos tiempos, sobre el rechazo a patentar una vacuna, contrasta con la voracidad de algunas farmacéuticas actuales: un ejemplo, el Ivacaftor, novedosa droga para un subtipo de FQ, desarrollada con aportaciones desinteresadas vehiculizadas por la CF Foundation (>75mill$) (“caridad” lo llaman los americanos) a un laboratorio (Vertex). La propia fundación ayudó a reclutar pacientes para los ensayos clínicos. Al final, se ha convertido en uno de los fármacos más caros del mundo. tanto, que hasta los propios desarrolladores lo denuncia. Dejo una carta del BMJ denunciando este tipo de comportamientos: http://www.bmj.com/content/348/bmj.g1445
    Un abrazo

  2. Luis dijo:

    Ciertamente me ha emocionado este artículo. Tengo un amigo que desde los cuatro años padece polio, hoy tendrá 68 o 69 años. Una persona encantadora con gran sentido del humor que me enseñó a jugar al ajedrez cuando tenía yo, mas o menos 10 u 11 años …. al cabo de un tiempo conseguía ganarle en nuestras partidas que duraban, en serio, tres o cuatro horas …

  3. Ernesto Martinez dijo:

    Y pensar que los perversos nazis quisieron quisieron extreminar a los judíos y peor aún; hoy en día hay locos fanáticos que se empeñan en continuar con la extinta obra de la Alemania nazi.

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