Wilhelm Conrad Roentgen: el genio sin epónimo


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Wilhelm Conrad Roentgen (o Röntgen) nació en Lennep (Alemania) el 27 de marzo de 1845.

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Casa natal de Roentgen, hoy convertida en museo

Cuando tenía tres años, su familia se mudó a Apeldoorn (Holanda), donde creció. Con 17 años entró en la Escuela Técnica de Utrecht, de la que sería expulsado por realizar una caricatura a uno de sus profesores (algo que él siempre negaría). En 1865 intentó ingresar en la Universidad de Utrecht, pero no cumplía los requisitos exigidos (haber aprobado previamente latín y griego), así que empezó sus estudios en la Escuela Politécnica de Zurich, donde se doctoró en ingeniería mecánica.

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Escuela Politécnica de Zurich

Desde 1875 se dedicó a la docencia de la física, primero en Wurtemberg y Estrasburgo, y después en las universidades de Giessen y Würzburg. En 1900 fue nombrado catedrático de física en Munich y director del instituto de física de la misma ciudad.

El 8 de noviembre de 1895, Roentgen descubre los rayos X. Trabajando con un tubo de rayos catódicos (tubo de cristal en el que se ha hecho previamente el vacío) observó que una placa de platinocianuro, colocada para proteger la ventana de aluminio del tubo, emitía luz cuando se aplicaba a éste una corriente eléctrica. Concluyó que, al chocar los rayos catódicos con el cristal del tubo, se producía algún tipo de radiación desconocida que producía luminiscencia en contacto con el compuesto químico.

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El laboratorio de W. Roentgen, actualmente conservado como museo

Aprovechando que era viernes, dedicó el fin de semana a realizar nuevas observaciones en su casa. Siguiendo su famosa máxima –“yo no pienso, investigo”– los experimentos se prolongaron durante cientos de horas: durante semanas, Roentgen comía e incluso dormía en su laboratorio, mientras completaba el estudio de las propiedades de dichos rayos, a los que llamó X en analogía con las incógnitas matemáticas. Así descubrió, entre otras cosas, que esta radiación atravesaba papel, madera y aluminio, pero no el plomo, y que velaba las placas fotográficas. Sosteniendo con las manos un aro de plomo para comprobar si los rayos lo atravesaban, descubrió con sorpresa que veía también los huesos de su mano. Se le ocurrió imprimir la imagen en una placa fotográfica: de esa forma, la imagen de la mano de su mujer, realizada el 22 de diciembre de 1865, fue la primera radiografía de la historia.

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Cuentan que Ana Bertha Roentgen se llevó un buen susto cuando vio su mano

El 28 de diciembre entregó su artículo original (“On a New Kind of Rays”), en el que ya se incluía la radiografía de su mano, a la Sociedad Física y Médica de Würzburg, que lo publicó a los pocos días. No lo había hecho antes, por miedo a estar equivocado y a que los otros científicos se burlaran de él.

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“On a New Kind of Rays”

El 5 de enero de 1896 un periódico australiano recoge su descubrimiento y el 23 de enero de 1896 (hace hoy exactamente 119 años) realiza su primera demostración en una reunión científica. Aunque más preocupado por las propiedades físicas de los rayos que por sus aplicaciones practicas, en febrero de 1896 mandó una foto de la radiografía de un brazo fracturado al British Medical Journal, para demostrar el poder diagnóstico de la técnica.

Los rayos X revolucionan enseguida la práctica médica: apenas 16 días después de publicar su informe, ya se había realizado una radiografía de las muelas de un paciente, al año se habían publicado 49 libros y más de 1200 artículos en revistas científicas.

El descubrimiento de los rayos X le valió a Roentgen ganar el primer Premio Nobel de Física, en 1901.  Roentgen donó la cuantía del premio a su universidad. Por razones éticas, rechazó registrar ninguna patente en relación con su descubrimiento, a la vez que se negó a que los rayos llevaran su nombre (aunque sí se llaman rayos Roentgen en la literatura alemana).

El propio Thomas Edison quiso comprar la patente de Roentgen. No la consiguió (su descubridor consideraba que debía ser patrimonio de la humanidad), pero instaló en la Exposición Eléctrica de Nueva York, en 1896, una atracción en la que cualquiera podía ver los huesos de su mano en un fluoroscopio. El encargado de dicha atracción, que murió a las pocas semanas tras perder la piel de la mano y sufrir una sobreinfección, es la primera víctima conocida de la radiación. Una vez conocido el potencial dañino de los rayos X, se prohibió su uso en este tipo de atracciones y se restringió al campo médico. El propio Roentgen había tenido, desde los inicios de sus investigaciones, la intuición de protegerse con un delantal plomado.

A principios del siglo XX, Roentgen aceptó un puesto en la Universidad de Columbia en Nueva York, y llegó a comprar el billete de barco, pero el estallido de la Primera Guerra Mundial le hizo cambiar de planes y permanecer en Munich hasta el final de su carrera. La inflación que propició la Guerra le llevó a la bancarrota, y terminó sus días en la pobreza, retirado en su casa de campo en Weilheim. Allí falleció el 10 de febrero de 1923, víctima de un cáncer intestinal, aparentemente no relacionado con su constante exposición a la radiación.

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2 respuestas a Wilhelm Conrad Roentgen: el genio sin epónimo

  1. Hola Ana:

    Enhorabuena!. Me ha gustado mucho tu entrada, por obvios motivos, aunque yo soy más de Curie que de Roentgen, pero eso va en gustos… Coincido contigo en que Roentgen es, sin duda, uno de los grandes de la Medicina de toda la historia, y de los pocos hombres cuyo nombre se recordará dentro de 1000 años. Tan solo, apuntarte un par de datos más: aunque es cierto que rechazó él mismo la denominación de Rayos Roentgen para los Rayos-X, no es menos cierto que en muchos países, principalmente en los de influencia alemana, el término Roentgenterapia se ha utilizado profusamente, y se sigue utilizando aunque en menor medida, como sinónimo de Radioterapia externa (o teleterapia), e incluso dio nombre a revistas científicas especializadas, como el American Journal of Roentgenology (AJR). Igualmente, Roentgen dio nombre a una unidad de medida de la radiación ionizante, aunque ya en desuso, pero que incluso llegóa intercambiarse, por su similar valor, con la unidad de dosis absorbida “rad” como manera de estimar la dosis de radioterapia administrada a un paciente.
    Finalmente, un dato curioso es que apenas 51 días después del descubrimiento oficial de los Rayos-X, el 29 de enero de 1896, Emil Grubbe los empleó por primera vez para tratar un cáncer de mama dando origen a la Oncología Radioterápica (más aquí: http://wp.me/p2YaY3-aZ)

    Lo dicho, enhorabuena y que sigamos disfrutando de tus escritos!

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