No es por las claves…

En twitter pasan a veces cosas como esta: se te ocurre opinar sobre un tema que tampoco te parece trascendental y, de pronto, te ves envuelta en una conversación “multimención” que dura varios días. Esto es más o menos lo que me ha pasado…

Leí una noticia sobre que los estudiantes exigían claves de acceso a la historia clínica electrónica, porque lo consideraban esencial para su formación. Yo dije que no me parecía y, al poco tiempo, ya me habían acusado de mente cerrada y de ningunear a los estudiantes. En 140 caracteres no hay quien se explique.

El problema es, como siempre, un conflicto de valores. En un extremo está la necesidad de preservar la privacidad de la historia, que es -como recuerda el Código Deontológico de la OMC- uno de los pilares básicos de la relación médico-paciente. En el otro extremo, la necesidad de los estudiantes de hacer prácticas y conocer casos reales. Pidamos al Código Deontológico que nos ayude a desempatar:

Imagen1

O sea, que ni siquiera yo (médico y sujeta a secreto profesional) puedo leer la historia de un paciente al que no tengo que tratar: la privacidad es taaaaan importante que la historia queda protegida hasta de otros médicos. No porque yo lo fuera a divulgar por ahí, que no lo haré, sino porque el que yo lea esa historia no le ofrece ningún beneficio a su propietario (el paciente) que solo ha “confesado” esa información para buscar ayuda profesional. Así que, si forzamos la ecuación por alguno de los extremos, hagámoslo respetando el que se refiere a un derecho fundamental de nuestros pacientes: la confidencialidad.

Entonces, ¿los estudiantes no pueden leer ninguna historia? No, no es eso lo que defiendo. Entiendo que el estudiante es parte del “equipo tratante” de un paciente, y por tanto puede acceder a las historias de los enfermos que trata su médico responsable, siempre supervisado (volvamos al código):

Imagen3

Así que el estudiante puede acceder a las historias (tarea propia de su periodo formativo) siempre que lo haga bajo supervisión. Además, pienso que leer historias al tuntún no aporta mucho, y uno aprende con las explicaciones de su médico y con los casos que éste selecciona. Pero no es tanto por utilidad como por ética: hay que proteger la privacidad.

En aquella conversación de twitter me respondían que los estudiantes muchas veces no tienen la supervisión oportuna, y que tenían que leer historias para rellenar sus cuadernos de prácticas. Vale, considerados los dos extremos (necesidad del estudiante de aprender, derecho del paciente a la confidencialidad) parece que lo que se está haciendo mal es lo primero: cambiemos eso. Puesto que cada estudiante solo puede entrar en la historia bajo supervisión, mejoremos la supervisión. Me parece el ejemplo perfecto de Medicina centrada en el paciente (y no en las necesidades/preferencias del médico/estudiante). Y cambiemos de paso los cuadernos de prácticas, si exigen algo que parece chocar con el Código Deontológico, ese que queremos enseñarles desde el principio.

Yo, cuando he tenido estudiantes a cargo, les he tenido siempre supervisados. Y si no podía estar con ellos, les solía mandar a hacer historias clínicas a algún paciente, siempre con su permiso. Y no necesitaban clave. Alguna vez, si la historia estaba bien hecha, la incluía directamente en la historia clínica (eso resulta muy emocionante para el “autor”) pero la firmaba yo, por supuesto. El equivalente a subirla con mi clave a la historia electrónica. No creo que nadie piense que eso es ningunear.

También me decían que siempre se ha hecho así, que las historias en papel no estaban custodiadas y cualquiera podía leerlas. Bien. El “siempre se ha hecho así” supone que siempre lo habíamos hecho mal: la historia electrónica nos da la oportunidad de poner más empeño en esa privacidad “que es un pilar esencial de la relación médico-paciente“. De todas formas, yo no recuerdo leer historias sin la indicación (y explicación) del médico responsable de la rotación (bueeeeeno, o el residente al que le caíamos en suerte). Ni se me ocurrió coger una historia por mi cuenta, ni me sentí ninguneada por ello.

Claro que también se ha hecho siempre lo de entrar doscientos en la habitación, sin presentarnos, sin explicar que éramos estudiantes y sin pedir permiso. Estaba mal y suponía un coletazo del paternalismo mal entendido: el paciente no tenía voz ni voto. ¿Tenemos que seguir haciéndolo porque sirve para aprender o porque siempre se ha hecho así?

Pues eso, que mantener a un estudiante supervisado todo el rato no es ningunearlo, sino todo lo contrario, y exagerar en la custodia de la confidencialidad no es desconfiar de la discreción de los alumnos, sino valorar en su justa medida los derechos de los pacientes. Y si hay que pasarse, mejor que quedarse corto.

Dediquemos nuestras fuerzas a exigir una docencia oportuna, supervisada, respetuosa con los principios éticos y los derechos de los pacientes, que es lo que merece la pena. Ya tendréis clave (y responsabilidad sobre ella) más adelante.

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9 respuestas a No es por las claves…

  1. libreoyente dijo:

    Admirada cimpañera: Se puede decir más alto, pero no más claro. Suscribo cada una de tus palabras, iluminadas como siempre por el sentido común. Y por encima de todo está el respeto al paciente. Ahora bien, se desperende de tus iniciales líneas, un tweet no es un blog. Continúa con el blog, y gracias por él.

  2. mj mas dijo:

    Claro y meridiano. Totalmente de acuerdo contigo Ana.
    Gran entrada, que “injusto” es Twitter a veces…

  3. deconstructor dijo:

    Uff. Las nuevas generaciones no paran de exigir. No hay equilibrio entre deberes y derechos. Ya verás que en breve hacen un sindicato de estudiantes con liberados de exámenes que terminarán diciendo que tienen derecho a claves, pruebas y preguntas por anticipado. Y si no, pues ya sabes, los ninguneas y vapuleas y violas sus derechos.

  4. Sophie dijo:

    Más claro, agua. En Twitter a veces no es fácil explicarse y te ves metida en unos barullos inmerecidos.
    Pongo otro ejemplo: cuando un famoso ingresa en un hospital. O cuando un compañero sanitario tiene que ingresar. He vivido los dos casos y el hospital se vio obligado a ponerle una clave especial a esas historias clínicas a las que sólo tenían acceso el equipo que les trataba directamente. Si tuviéramos dos dedos de frente no hubiera hecho falta hacer eso, pero como a la gente le puede más las ganas de cotilleo que la ética y el respeto a la intimidad, hubo que hacerlo.
    Creo que la energía que gastan algunos en exigir las claves deberían emplearlas en exigir unas buenas prácticas. Porque todavía se sigue viendo al adjunto desganado que le encasqueta cinco estudiantes al residente, el que le dice a los alumnos “os firmo las prácticas y os largáis a estudiar” o el que no ve raro que en una habitación se planten siete personas a explorar a un paciente.

  5. Pingback: Recomendaciones de la semana V « Mondo Medico

  6. anadeph dijo:

    Gracias por vuestros comentarios

  7. grace dijo:

    Como estudiante que soy, estoy de acuerdo contigo, y estás muy lejos de ningunearnos. Se ve que te implicas con tus “tutelados” como lo hacen pocos (no los culpo, sé que a veces están hasta arriba, pero precisamente por esto es aún más de agradecer tu actitud).
    Quisiera ver si a esos estudiantes que se quejan les haría gracia que su historia clínica fuese de dominio público si fuesen ellos los pacientes. Pd: gracias por tu blog, está muy bien! 🙂

  8. Pingback: El estudiante en el Hospital - ¿Qué implica el nuevo BOE? - La Navaja de Hanlon

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