Medicina de resultados: cuando los árboles no dejan ver el bosque

Bosque

Soy una firme defensora de los datos, de medir resultados y de usar indicadores de calidad en la asistencia médica. Hasta que no empiezas a contar y medir lo que haces, no sabes: a) lo bien que lo haces (y eso también es importante); b) dónde tienes oportunidades de mejora o incluso qué necesitas cambiar urgentemente. Y más de una vez he criticado a los que miden la calidad sanitaria basándose solo en calidad percibida. Sin embargo, el otro día me encontré jugando en el equipo contrario, y es que cualquier cosa llevada al extremo pierde sentido. Me explico…

La semana pasada salí puntualmente de mi desconexión veraniega para compartir  una noticia que se publicó sobre mi servicio: la apertura de puertas que permitía visitas de hasta seis horas al día. Podéis leerlo aquí o aquí. Alguien en twitter me pidió datos y yo les di los que tenemos tras cuatro meses: en las encuestas a familiares, la satisfacción con la hora y duración de la visita ha aumentado muchísimo, y también la percepción de cercanía con los profesionales. Desgraciadamente no podemos tener un antes-después de la opinión de los propios pacientes porque no les hacemos a ellos una encuesta específica de satisfacción. Quizá deberíamos, pero no es algo habitual en Intensivos.

Por supuesto, estamos también pendientes de otras cosas: aunque la evidencia diga que la presencia familiar es beneficiosa para los pacientes, no podríamos permitirla si aumentaran las complicaciones, como la salida accidental de dispositivos o la tasa de infecciones. No hay problema: en mi servicio medimos más de100 indicadores de calidad (real, no percibida) entre los que se encuentran esos. Y por el momento no han aumentado las complicaciones.

Y entonces alguien me dijo que no, que no valían los datos.  Que daba igual lo que pensara la familia. Que hacían falta indicadores “duros” (es decir, de mortalidad, de estancia, de complicaciones…). Que si la medida no aportaba ventajas medibles para los pacientes, no servía para nada.

Y ahí es donde yo le veo el peligro a la Medicina que idolatra los resultados. Una Medicina que solo piensa en curar (y, Dios no lo quiera, en ahorrar) pero se olvida del aliviar y consolar. Y no, ni vale lo primero sin lo segundo, ni lo contrario. Porque, como comentaba alguien en esa conversación, si me voy a morir igualmente, prefiero hacerlo en una UCI en la que me traten con cariño, en la que puedan estar mis seres queridos, en la que cuiden a mis familiares, en la que… En la que se cuiden los detalles. Porque la excelencia no está solo en alcanzar los mejores resultados. Eso es el mínimo imprescindible. La excelencia está en preocuparse por el proceso tanto como por el resultado. En salir al paso de las pequeñas molestias que no condicionan mayor mortalidad pero hacen sufrir al enfermo. En buscar lo mejor en lugar de lo suficiente. En evitar que los árboles de los datos científicos nos impidan ver el bosque de la persona que sufre.

No. No quiero una Medicina solo de resultados. Ni tampoco quiero una Medicina de color  rosa, llena de sonrisas y mensajes de Mr. Wonderful, pero sin calidad real. No, no y no. Ni calidad humana sin excelencia técnica ni excelencia técnica sin calidad humana. Cualquiera de las dos actitudes equivaldrían a matar la Medicina. Algo que ya sabían los médicos en el siglo XVII (curar a veces, aliviar a menudo, consolar siempre) y que, desde un extremo y desde el otro, corremos el riesgo de olvidar.

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5 respuestas a Medicina de resultados: cuando los árboles no dejan ver el bosque

  1. Eduardo Palencia Herrejón dijo:

    ¡Hay que ser muy burro para decir que si la presencia de la familia no disminuye la mortalidad no hay que permitirla! ¿En serio hay quien escribe esas cosas en Twitter?

    • anadeph dijo:

      Hombre, no exactamente. Lo que decía es que no le valían los resultados si no se traducían en indicadores “de los duros”. Interprétalo como quieras 😉

  2. María Fernández Muñoz dijo:

    Hola,
    Felicitaciones por el post. En cuanto a la conversación a la que se hace referencia, mi opinión es que sucedió algo muy habitual : dos personas hablando de dos cosas distintas. Por eso adjunto este vídeo, donde Michael Porter explica “la versión de la otra parte” mejor que yo:

    Por otro lado, entiendo que dentro de un sistema son distintos los “output” y los “outcome”. El primero tiene que ver con la eficiencia del proceso que se lleva a cabo, y el segundo con el valor añadido que el sistema aporta al paciente – población. La verdad es que son unos conceptos que no entiendo aún bien pero que me parecen muy interesantes. Recomiendo también leer a Muir Gray, y voy a finalizar con una cita suya “Work like an ant colony if you want to solve the problems of system’s complexity”.

    De nuevo muchas gracias por invitarme a comentar. Saludos.
    María.

  3. Josep dijo:

    Querer restringir los cambios solo a lo que podemos medir denota una falta de sentido común notable. No todo es medible, pero tenemos un cerebro y una experiencia y formación que permiten avanzar aunque no seamos capaces de medir los pasos…

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