Gestión imaginativa sí, pero no así

Esta Navidad saltó a la prensa una noticia desconcertante: un hospital valenciano había transformado la consulta preanestesia de procesos de baja complejidad en sesiones informativas multitudinarias. Ya hablé aquí de mi opinión sobre las consultas múltiples, pero esto parecía distinto. Efectivamente, hay procedimientos quirúrgicos sencillos que, en gente sana, no precisan pruebas ni valoración previa. Hasta aquí estamos de acuerdo. Pero hay una cosa que me puso en alerta: según decía la noticia (podéis leerlo aquí o aquí), al terminar se pedía a los asistentes que firmaran el consentimiento informado. Y hala, hasta el día de la intervención.

El Servicio de Anestesia y la dirección del Hospital había dado el visto bueno. Lo que me hace pensar que no saben lo que es el consentimiento informado. O, más bien, que han caído en el error general de que el consentimiento informado es una necesidad legal sin ningún tipo de valor ético detrás. Papel mojado. Y esto puede destruir la relación médico-paciente convirtiéndola en un mero trámite. A ver si me explico un poco mejor.

Quizá sea políticamente incorrecto, pero el “papel” del consentimiento informado como tal no tiene ningún valor ético. No es más que una especie de check-list, un recibo, un comprobante de que el médico ha llevado a cabo esa parte fundamental de la consulta que es explicar al paciente lo que le pasa, el plan terapéutico, las alternativas… con la profundidad suficiente para que el enfermo pueda participar de ese plan, hacer constar sus preferencias o valores, elegir entre dos alternativas similares o incluso negarse a ser tratado. Si esta información se diera siempre y en todas las situaciones no haría falta ni firmar un papel. Pero es bueno que el paciente lo tenga por escrito, que pueda leerlo con calma y preguntar lo que quiera. Y que quede constancia documental de que se ha hecho.

¿Es válido, entonces, un consentimiento informado que se reparte masivamente tras una charla impersonal? No sé vosotros, yo acostumbro informar a mis pacientes de uno en uno, adaptando el nivel de la información a su nivel cultural (en mi área aún hay gente que no sabe leer ni firmar), a sus nervios, a lo que conoce previamente sobre su enfermedad. Mirarles me permite detectar lo que no entienden, lo que les asusta, lo que les hace dudar. Me permite explicarles lo que significan los porcentajes que reflejan la incidencia de complicaciones o lo que está expresado en términos excesivamente técnicos. Me permite recomendarles que lean el papel antes de firmarlo, que no lo hagan delante de mí sino en casa con calma. Y a ellos les permite preguntar lo que no entienden, expresar sus miedos o su desconfianza, preguntarme qué haría yo o si he visto, en mi experiencia, alguna de esas complicaciones.

Si les citara para una charla, probablemente muchos no se atreverían a preguntar sus dudas en público, otros no pedirían una consulta privada para no molestar o para no tener que venir otro día al hospital. Y quizá muchos firmarían sin leer o sin poder aclarar sus dudas.

Entendedme, no es que yo sea fan del consentimiento informado por escrito, que me parece un poco artificial. De lo que soy fan es de la relación médico-paciente, de la información honesta, del contacto directo y de facilitar las decisiones complicadas.

El Colegio de Médicos de esa provincia ha dado el visto bueno a este tipo de sesiones siempre que el paciente pase después por una consulta personal. Nada que objetar entonces. Sin embargo, por como está redactada la noticia, entiendo que el hospital (¿o es la Conejería?) quiere volver a hacer lo mismo cuando le sea posible, quizá cuando se pase la polvareda que han levantado. En ese caso, me temo, volverán a encontrarse con la oposición de los médicos.

Claro que hay que acortar listas de espera y gestionar con imaginación. Pero nunca desvirtuando lo que da sentido a la Medicina: el contacto personal entre una persona que necesita ayuda y otra que está en condiciones de ofrecérsela.

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2 respuestas a Gestión imaginativa sí, pero no así

  1. Maria Lladó Torres dijo:

    Está claro.

  2. Grace dijo:

    Completamente de acuerdo contigo. Es triste que la medicina defensiva quite protagonismo a un acto encaminado a resolver dudas, disminuir miedos y a favorecer el acercamiento entre paciente y profesional.

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