“Mi padre está en la UCI”

Sandra L. me dejó ayer un comentario en esta entrada. Su padre está ingresado en la UCI y lo que me enviaba era una fantástica reflexión sobre lo que pasa por la cabeza de los familiares de nuestros pacientes. Le he pedido permiso para publicarlo aquí porque creo que merece la pena leerlo. Gracias, Sandra. He querido mantener tu agradecimiento a una UCI concreta; con un poco de suerte les llegará. 

Mi padre está ingresado en UCI desde hace dos semanas, y una de ellas con ventilación mecánica. Nadie nos prepara para estas situaciones, nadie nos dice cómo recomponernos cuando salimos de la visita o cuando estamos esperando a que abran la puerta y no siempre, por las necesidades que surjan, lo hacen a la hora. Y te preocupas. Piensas en qué estará pasando dentro, por qué no han abierto aún. Y piensas si será tu familiar. ¡No, por favor! Y miras a la señora de al lado, que tiene gesto triste y pesaroso y piensas: “que tampoco sea su familiar”. Ni el de nadie, ojalá solo necesiten cinco minutos más porque acaban de bajar a un paciente que está mucho mejor a la planta.

Todas estas cosas piensas cuando suena la puerta. Y entras casi corriendo, pero a la vez con una sensación de miedo, como queriendo no llegar. No sabes cómo estará hoy. No sabes lo que el médico tiene que decirte.

Y entonces ves a los enfermeros que están riendo, o charlando, o mirando el móvil. En un primer momento te choca. Tú llegas con un estado de ansiedad bastante alto y ellos están riendo. Pero entonces tienes la suerte que tenemos nosotros, mi familia. Y viene el doctor o doctora a contarte cómo va la evolución. Viene el enfermero o enfermera a cambiarle la medicación… y te das cuenta de que hacen lo que pueden. Y de que se preocupan. Lo están intentando todo como mejor saben hacerlo. Y eso se agradece. Se agradece mucho, hasta límites que no sabías.

Desde aquí quiero dar las gracias a todo el equipo de UC.I del Hospital Infanta Elena de Valdemoro (Madrid) por su gran trabajo, eficiencia y mejor calidad humana. Muchísimas gracias.

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4 respuestas a “Mi padre está en la UCI”

  1. Teresa dijo:

    Que tengáis mucha suerte, es mi deseo, a nadie le gusta pasar por el trance, y en cuanto a las enfermeras o médicos, que entre paciente hacen sus comentarios, y a veces risas veladas,
    Pienso que de no ser así, no podrían aguantar tanto tiempo, en un lugar triste comprometido y en las más de las ocasiones, sin saber como será el final de algunos pacientes, unos jovenes, otros no tan jovenes……Pero personas al fin y al cabo que sufren……
    Dejemosles, que den rienda suelta a sus emociones, en la forma que sea.
    Ha de ser muy triste, llegar a casa, sabiendo, que a la persona que estas cuidando, tal vez no la volverás a ver.
    En alguna forma, sus emociones, deben tomar forma, ya sean con risas veladas, o con cualquier otra forma…..
    Supongo que debe ser esa coraza que se necesita, para mantenerse y no derrumbarse
    Vaya para ellos, toda la fuerza y el coraje necesario para saltar esa fina línea de la vida….con la sensibilidad con que administran la mejor de su voluntad….

    • Inmaculada Collado dijo:

      Gracias por tus palabras. Soy una de esas enfermeras de UCI…ya llevo unos cuantos años…y sí…a veces reimos para compensar el dolor…otras lo pasamos mal…pero te aseguro que la gran mayoría de nosotras somos y tenemos vocación. ..si no no se aguanta… Cuando entra la familia nos retiramos para dejaros intimidad, pero os aseguro que durante el turno nuestro paciente es nuestra prioridad

      • Sandra dijo:

        No dudo de ello Inmaculada. Hoy una enfermera me ha dicho con la mejor de las sonrisas: “¡No te preocupes, que verás como Pedrito sale adelante!”. Mi padre se llama Pedro, y ese tono de cariño me reconforta. Unos días atrás un enfermero estuvo toda la tarde y toda la mañana intentando dejar el azúcar de mi padre controlado. ¡Parecía que ya se había vuelto algo personal! Puedo poner un sin fin de ejemplos. Creo que, a veces, los familiares, desde nuestra ignorancia, nos cabreamos, criticamos, etc. sin darnos cuenta de lo duro que debe ser trabajar en una unidad así y ver la cara de sufrimiento de los familiares día a día. Y ver cómo algunos pacientes se te “van”. Se necesita un gran aplomo y entereza entrar a cambiar la medicación y que el hijo de Juana, por poner un ejemplo, esté llorando desconsoladamente. Y así día tras día. No nos damos cuenta de los grandes profesionales que tenemos en nuestra sanidad. De verdad que no.

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