Virginia Apgar: el ángel de los neonatos

Hoy se cumplen 107 años del nacimiento de Virginia Apgar, anestesista que revolucionó el campo de la neonatología y ayudó a reducir significativamente la mortalidad de los recién nacidos. Con razón se dice que cada niño que nace en un hospital de cualquier lugar del mundo es visto primero a través de los ojos de Virginia Apgar.

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Virginia (Ginny) Apgar nació el 7 de junio de 1909 en Westfield (Nueva Jersey). Era la pequeña de los tres hijos de Charles E. y Helen May Apgar. Su padre, agente de seguros, era un apasionado de la ciencia y los inventos, que desarrollaba en el sótano de su casa. Tal vez allí prendió la semilla de la vocación científica de Virginia.

Tras finalizar sus estudios en la Westfield High School, se graduó en zoología y en artes en el Colegio Mount Holyoke de Massachussets. Durante este tiempo realizó diversos trabajos para costearse los estudios, que iban desde bibliotecaria o camarera hasta cazar gatos para el laboratorio.

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Colegio Mount Holyoke. Massachussets

Pero la auténtica obsesión de Virginia era ser médico, por lo que en 1929 se inscribe en la Facultad de Medicina de la Universidad de Columbia. Era una de las ocho mujeres en una clase de cien alumnos.

Graduada en 1933 con el cuarto mejor expediente, estaba decidida a estudiar cirugía. Sin embargo, su mentor Allen Whipple había visto arruinarse a excelentes cirujanas por el hecho de ser mujeres y no quiso que Apgar desperdiciara de ese modo su gran talento. Por este motivo le aconsejó entrar en el campo de la Anestesiología, un ámbito que en aquel momento se consideraba labor de enfermeras. Whipple era consciente de que, para hacer avanzar la Cirugía, había que desarrollar a la vez la especialidad anestésica.

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Universidad de Columbia en 1915.

De este modo, Virginia Apgar consiguió iniciar su formación en el Departamento de Anestesiología de la Universidad de Wisconsin, en Madison. Sin embargo, debido a serios problemas para encontrar alojamiento, a los seis meses regresa a Nueva York para completar su formación en el Bellevue Hospital.

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Bellevue Hospital. Nueva York.

La anestesia era por aquel entonces una sección de los departamentos de Cirugía, en general menospreciada y relegada a un lugar menor, hasta el punto de que el propio cirujano decidía si el anestesista debía o no cobrar honorarios por su trabajo.

Apgar aspiraba a revalorizar la especialidad y formar un Departamento de Anestesiología independiente del de Cirugía. Todo esto a pesar de que hasta el año 1940, cuando entró su primera residente, estuvo ella sola en la División de Anestesia. Pero nadie ofrecía entonces un puesto directivo a una mujer por lo que, al crearse finalmente el departamento en 1949, el hospital decidió encargar su dirección a un hombre, Emmanuel Papper. Desencantada, Virginia se dedicó desde entonces a la anestesia obstétrica.

Hasta su llegada, esta rama de la anestesia se dedicaba solo a la madre y su recuperación. Apgar comenzó entonces a preocuparse por la alta mortalidad neonatal y enseñó a sus residentes a ver al neonato como a un segundo paciente.

Viendo a un RN

La doctora Apgar atendiendo a un neonato. Foto: Columbia University.

En 1949 pasó a ser la primera profesora de Anestesiología de la Universidad de Columbia. Un día de ese año, mientras desayunaba en la cafetería del Hospital Columbia-Presbyterian de Nueva York, un estudiante le preguntó las pautas para valorar a los recién nacidos. Apgar cogió un pedazo de papel y escribió sobre la marcha lo que hoy conocemos como test de Apgar.  Inmediatamente volvió a su trabajo para poner en práctica cuanto antes la escala que acababa de inventar.

En 1952 la presentaba por primera vez en un  congreso internacional de anestesia. Pocos años después demostró su valor predictivo sobre la supervivencia neonatal y desarrollo neurológico infantil. Como curiosidad, Apgar peleó para que la escala la pasara el anestesista o la enfermera, temerosa de que, si lo hacían los obstetras, probablemente la sobreestimarían o directamente la ignorarían.

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Fragmento del artículo original. Foto: Columbia University

En 1962, el pediatra Joseph Butterfield utilizó las letras APGAR para crear un acrónimo que permitiera a sus alumnos memorizar fácilmente la escala, de este modo: Appearance (color), Pulse (pulso), Grimace (reflejos), Activity (tono muscular) y Respiratory Effort (esfuerzo respiratorio). Esta feliz idea es la culpable de que muhca gente no sepa que el test de Apgar deba su nombre a la anestesista que la inventó.

Test de Apgar. Foto: National Institute of Child Health and Human Development

Apgar participó también en un estudio que demostró que el compuesto preferido por los anestesistas obstétricos, el ciclopropano, era especialmente depresor para el recién nacido, con lo que este fármaco se dejó de usar por completo.

A finales de 1950, Apgar había atendido más de 17000 nacimientos y formado a cientos de anestesistas. Realizó también la primera cateterización de arteria umbilical y definió el abordaje anterior del ganglio estrellado.

En 1958, consciente de sus limitaciones estadísticas para llevar a cabo los estudios que quería realizar, se toma un año sabático para inscribirse en la Escuela de Salud Pública de la John Hopkins. Un año más tarde, sin abandonar la práctica clínica, comenzó a dirigir la División de Malformaciones Congénitas de la Fundación Nacional March of Dimes, en la que desarrolló una ingente labor investigadora y divulgativa. Desde allí promovió la vacunación universal de las madres frente a la rubeola para proteger a los niños, así como el test de Rh para casos de incompatibilidad materno-fetal.

En 1971 fue nombrada profesora de Pediatría en la Escuela de Medicina de Cornell. Publicó más de 60 trabajos científicos e incontables artículos de divulgación, así como el libro Is my Baby all right? con Joan Beck en 1972.

is my baby

Activa y polifacética, dedicó su tiempo libre a leer, pescar, jugar al golf, coleccionar sellos, dedicarse a la jardinería, jugar al béisbol y al bádminton. También recibió lecciones de vuelo, con la intención de volar por debajo del puente de Nueva York, uno de los pocos proyectos que no logró concluir en su vida. Entre sus amigos sería recordada por su buen humor, su incansable actividad y su habla rápida (“como una ametralladora”); decían, en broma, que Apgar tenía otra vía áerea para respirar mientras hablaba.

Pero su segunda pasión, después de la Medicina, fue la música. No solo tocó diversos instrumentos de cuerda en tres orquestas diferentes, sino que, con la ayuda de una de sus pacientes, fabricó personalmente un violín, un mezzo-violín, un cello y un violón. En relación con esto, se conserva una anécdota que refleja estupendamente el carácter emprendedor de Virginia. Durante el proceso de fabricación del violón, encontró una madera de arce excelente para la parte trasera. El único problema era que esa madera formaba parte de la cabina telefónica del hospital en el que trabajaba. Denegado el permiso para “tomarla prestada”, Apgar montó guardia toda una noche para sustituir la madera por otra exactamente igual que ella misma había cortado y barnizado, creando una réplica perfecta.

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Apgar nunca se retiró de los quirófanos, a pesar de la enfermedad hepática progresiva que sufrió en sus últimos años. Falleció en 1974 en Nueva York, con solo 65 años.

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Veinte años más tarde, en 1994, la Academia Americana de Pediatría logró recuperar los cuatro instrumentos musicales fabricados por Apgar y organizar un homenaje en el que fueron tocados por el Cuarteto Apgar de Cuerdas, formado por cuatro pediatras. Los instrumentos fueron donados posteriormente a la Universidad de Columbia, donde se conservan.

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4 respuestas a Virginia Apgar: el ángel de los neonatos

  1. libreoyente dijo:

    Emocionante relato de una auténtica humanista que sirve de ejemplo y estímulo para todos nosotros. Cuanto se parecen vuestros perfiles, estimada compañera!.

  2. MARCELA RODRIGUEZ RIVAS dijo:

    GRACIAS POR ENTREGARNOS ESTA MARAVILLOSA HISTORIA DE VIDA, QUE SIEMPRE SEGUIRA DANDO VIDA…

  3. Marta dijo:

    Qué bonito! Ahora que me lo estoy estudiando para el MIR, el Apgar entrará con gusto en mi cabeza

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