Sydney Ringer, el primer farmacólogo clínico

“La suerte solo favorece a las mentes preparadas”. Louis Pasteur.

M0010501 Portrait of S. Ringer.

Sydney Ringer nació en Norwich, Inglaterra, en marzo de 1835. Su padre falleció cuando él y sus hermanos eran aún pequeños. Por este motivo, su madre enfrentó durante años serios problemas económicos aunque, con el tiempo, sus dos hermanos llegarían a tener negocios florecientes en Shangai y Japón.

Pero a Sydney Ringer no le interesaban los negocios, quería a toda costa estudiar Medicina, algo que en aquel momento solo pudo conseguir gracias a la ayuda  económica de parientes y conocidos.

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Norwich

En 1860 terminaba sus estudios en el University College de Londres. Debió ser un alumno brillante, puesto que su primera publicación –“On the connection between the heat of the body and the excreted amounts of urea, chloride of sodium an urinary water during a fit of ague”– data de 1859, siendo aún estudiante.

Una vez concluidos sus estudios, trabajó en diversos hospitales de Inglaterra y Francia durante cortos periodos de tiempo y, finalmente, recabó en el hospital en el que se había formado, donde permanecería como médico y profesor hasta su jubilación. Allí le cedieron, además, un espacio para establecer su laboratorio.

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Sus alumnos y compañeros lo describían como exquisitamente puntual y reservado, siempre sin tiempo para pararse a charlar. Sin embargo, en las clases prácticas con sus estudiantes deslumbraba a todos con su impresionante habilidad clínica. También se decía de él que era extremadamente generoso y amable para ayudar a cualquier joven investigador que lo solicitase.

Sin descuidar la asistencia ni la docencia, Ringer dedicaba sus mejores energías al trabajo en el laboratorio. Llegaba diariamente muy temprano, antes de comenzar el trabajo clínico, y se quedaba largas horas por la tarde. Incluso se cuenta que alguna vez tuvo que saltar la valla para acceder al laboratorio, dado lo intempestivo de la hora.

Además de varios artículos en revistas especializadas, escribió un libro que alcanzaría más de treinta ediciones en poco tiempo. A Handbook of Therapeutics se convirtió pronto en un texto de referencia.

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Pero lo que realmente haría de Ringer uno de los grandes de la Medicina fueron sus estudios sobre contractilidad cardiaca y, especialmente, la creación del suero que lleva su nombre.

En aquella época, Ringer trabajaba con tejido cardiaco de ranas: había observado que, utilizando una perfusión de cloruro sódico al 0,75%, se mantenía temporalmente la contracción de las fibras. Pero uno de los días en que Fielder, su ayudante, se encontraba ausente, Ringer quiso reproducir el experimento y descubrió que no funcionaba. Buscando la causa de estos desconcertantes resultados, cayeron en la cuenta de que Ringer estaba usando agua destilada mientras que Fielder había empleado directamente agua del grifo. Solo cabía, por tanto, una explicación: el agua del grifo contenía trazas de algún elemento clave para la contracción miocárdica. Ringer analizó entonces aquel agua, y comenzó a añadir a su solución los diversos iones que ésta contenía. Comprobó que, al añadir calcio, el músculo latía con más intensidad y durante mucho más tiempo, mientras que la adicción de potasio conseguía el efecto contrario. Quedaba claro, por tanto, que el calcio jugaba un papel prioritario en la contractilidad cardiaca.

A pesar de constituir uno de los descubrimientos que sentarían las bases de la fisiología cardiaca moderna, el trabajo de Ringer no despertó interés hasta 20 años después de su publicación. Sin embargo, con el desarrollo de los cristaloides intravenosos su solución se haría pronto imprescindible en la clínica.

Años más tarde, en 1932, el pediatra Alexis Hartmann modificó la solución de Ringer añadiéndole lactato, con el fin de evitar la acidosis en sus pequeños pacientes, dando lugar al suero que usamos aún hoy: una solución salina balanceada con 111,7 mEq/l de cloro, 27,8 mEq/l de lactato, 130,5 mEq/l de sodio, 5,4 mEq/l de potasio y 3,7 mEq/l de calcio.

Ringer también investigó en otros campos de la fisiología y la farmacología, como el efecto de los anestésicos en el músculo cardiaco y la acción de la salicilina (precursor del ácido salicílico) sobre la fiebre.

El matrimonio Ringer tuvo dos hijas, una de las cuales falleció siendo aún muy joven. En su memoria habían mandado restaurar la iglesia de Lastingham. A esta pequeña localidad de Yorkshire se retiró Ringer en 1900. Allí murió de un ictus el 14 de octubre de 1910, y allí fue enterrado junto a su mujer y su hija. Su memoria permanece en todos los hospitales del mundo, en los que la solución de Ringer sigue salvando vidas a diario.

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Lastingham en la actualidad

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3 respuestas a Sydney Ringer, el primer farmacólogo clínico

  1. Neumocito dijo:

    Como siempre, descubriendonos genios que explican vocabulario medico hanitual. gracias

  2. Las fechas de 1960 y 1959 están equivocadas. Saludos

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