Donaciones: a propósito de un caso

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Estaría bien que la sanidad pública fuera autosuficiente. Que hubiera recursos de sobra para todos. Que a nuestros gobernantes les interesara el futuro de nuestros hospitales públicos, que no se cayeran los techos, que no se inundaran en primavera, que no hubiera pacientes hacinados. Estaría bien que no pagáramos de más a las concesionarias de los hospitales de gestión mixta y que parte del presupuesto no se desviara al enriquecimiento personal o empresarial de nadie. Sí. Molaría.

Pero a día de hoy eso no pasa. No hay recursos para todos y los que hay están mal repartidos. Hay corrupción y contratos turbios. Hay poco control de las partidas presupuestarias (¿hemos tardado 9 años en darnos cuenta de que el 50% de las camas por las que cobraba la concesionaria de un hospital no existían?) y hay corrupción a muchos niveles. Hay un abandono patente de los hospitales públicos y su tecnología está muchas veces obsoleta.

Podemos esperar a que todo esto se solucione. A no depender de nadie. Podemos confiar en que algún día no sea necesario que una fundación remodele la UCI del Niño Jesús, o que este mismo hospital pueda continuar su investigación sin depender de una carrera solidaria, o que un empresario no tenga que financiar tecnología para el tratamiento del cáncer. Pero tenemos un problema. El cáncer no espera. La enfermedad crítica de los niños no perdona. Las enfermedades raras no dan tregua. Si seguimos esperando, habrá muchos que se quedarán en el camino.

Veamos: las donaciones privadas hacen aumentar los recursos. El aumento de recursos mejora las expectativas de los pacientes. La mejora en las expectativas de los pacientes es el objetivo de la sanidad pública. Y cualquier asociación en defensa de la sanidad pública que no se centre en el beneficio del paciente ha equivocado su objetivo.

Luego las donaciones son buenas para la sanidad pública. Habría un escenario mejor, pero está muy lejos. Mientras tanto, bienvenidas sean las donaciones. Gracias, de parte de mis pacientes y los de todos, a los que ponen su granito de arena, su hacienda, sus beneficios empresariales o su trabajo en favor de los enfermos de la sanidad pública.

Y un favor, queridos periodistas. No tituléis “la sanidad pública rechaza…”. A la mayoría, no nos representan.

 Una cosa más. Don Amancio, en Arganda hay un hospital pequeñito en el que el personal hace milagros con muy pocos recursos. Le invito a conocerlo. Y no se olvide la chequera… 🙂

(Sí, sé que dije que iba a escribir de otros temas. Pero la actualidad manda…)

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8 respuestas a Donaciones: a propósito de un caso

  1. gatypaz dijo:

    Estoy contigo. Cualquier modo, cualquier recurso, cualquier vía…

  2. osmachope dijo:

    Totalmente de acuerdo, y si el sr Ortega o la sra Botín o similares pasan por Vilanova bienvenidos sean

  3. José Carlos Igeño dijo:

    Muy bien Ana. Dando en el clavo y pulsando los botones adecuados

  4. Iñaki dijo:

    Donaciones de este calibre no se deben imponer.
    Alabo las donaciones aunque supongan un conflicto de intereses (todos los tenemos), pero no la imposición finalista de las mismas (¿qué hacemos con los aparatos que sobren por falta de personal o por sustitución de algunos perfectamente válidos en la actualidad?
    Se debe negociar para hacer converger los intereses del donante con los del sistema sanitario. A lo mejor hacen falta más uniformes, o más helicópteros medicalizados, o medicación para tratar a los pacientes con hepatitis C o tabletas digitales para el uso diario en hospitales, o consultorios rurales bien dotados, etc…
    Negociación y diálogo… Y tras el acuerdo… la donación. Sin imposición.

  5. gatypaz dijo:

    Ninguna donación se debe imponer, da igual el calibre.
    Otra cosa es que nuestra opinión sea diferente a la que se ha tomado, a la hora de decidir en qué invertirlo.
    Personalmente tengo otras prioridades, pero no estoy en el rango de negociador.
    En cualquier caso, no se debería descartar el reubicar partidas presupuestarias ahora que se ha invertido en estos aparatos de altísimo coste, destinándolas a otras, de las múltiples, necesidades.

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