Don Carlos Jiménez Díaz y la primera UCI española

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Carlos Jiménez Díaz nació en Madrid el 9 de febrero de 1898.

Tras concluir el bachillerato con uno de los mejores expedientes en el Instituto San Isidro, comienza a estudiar Medicina en la Facultad de Medicina de san Carlos. Parece ser que los profesores no tenían el nivel que Jiménez Díaz consideraba adecuado, así que solo acudió a las clases de Ramón y Cajal (Histología y Anatomía Patológica), Hernando Ortega (Terapéutica) y Juan de Azúa (Dermatología). El resto se lo estudió por libros y revistas. Ya se ve que no le fue mal esta curiosa estrategia, porque en 1919 recibe tanto el Premio Extraordinario de la Licenciatura como el del Doctorado, con diferencia de pocos meses.

Con solo 24 años obtiene la cátedra de Clínica médica en Sevilla, y dos años después la de Madrid. Cuentan que sus clases estaban siempre llenas, pero no solo con los alumnos de su asignatura, sino también con estudiantes de otros cursos e incluso médicos en ejercicio. Su concepto de la Medicina exigía una estrecha unión entre la docencia, la clínica y la investigación.

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Incluso aunque unir la clínica con la docencia exigiera llevarse a los pacientes a clase…

Ya en 1935 da forma a esa idea de clínico investigador, creando un Instituto de Investigaciones Médicas en la Facultad de Medicina, pero la Guerra Civil daría al traste con su proyecto.

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En 1940 reabre provisionalmente el Instituto en un hotel, trasladándolo por fin en 1955 a la que será su ubicación definitiva; la clínica adyacente al Instituto se llamará “de la Concepción” en honor a su esposa, Concepción Rabago. En 1963 se unificarán ambos organismos (Instituto y Clínica) bajo el nombre de Fundación Jiménez Díaz.

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La Fundación Jiménez Díaz en sus orígenes

Aunque desde 1956 a 1960 recibe estudiantes de la Universidad Complutense, no será hasta 1970, tres años después de su muerte, cuando la Fundación se integre definitivamente entre los hospitales docentes de la Universidad Autónoma de Madrid.

Desde el principio, don Carlos alberga la idea de crear un espacio destinado al manejo de los pacientes críticos, atendido por un equipo multidisciplinar de anestesistas e internistas formados específicamente. Nadie se hubiera atrevido a imaginar que el propio Jiménez Díaz sería el primer paciente de esta unidad.

El 4 de enero de 1965 el coche en que viajaba Don Carlos sufrió un grave accidente, en el que él fue el herido de mayor gravedad: fractura de cadera y de ambos fémures, un gran scalp y fracturas costales múltiples, además de otras lesiones menores.

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Así relataba el ABC la noticia el 5 de enero de 1965: “fractura intercostal de dos costillas” (¿?)

Trasladado rápidamente a la Clínica de la Concepción, en una de sus mejores habitaciones se improvisó la primera UCI española. Se movilizó a casi todos los especialistas de la Clínica (anestesistas, traumatólogos, neumólogos, cardiólogos, nefrólogos y hematólogos) y se organizó un turno de guardias formado por los tres sobrinos médicos de don Carlos, los neumólogos y los anestesistas.

La situación era crítica, sobre todo desde el punto de vista respiratorio, por lo que se realizó una traqueostomía (aún no se había generalizado la intubación orotraqueal) y se intentó ventilar con el primer respirador volumétrico, recientemente adquirido en la clínica: un modelo Engström.

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Cuesta creer que este cacharro funcionase…

No se puede culpar a aquellos pioneros del empeoramiento del paciente: si la primera vez que te enfrentas a un respirador volumétrico es para ventilar un volet costal, y si encima ese volet lo sufre el director de la clínica, la cosa se pone difícil. Así que decidieron pedir ayuda al profesor Kara, pionero de los cuidados intensivos franceses, y compraron un respirador un poco mejor. El doctor Kara enseñó a Alfredo Arias Álvarez, el anestesista al mando de la situación (y el que con el tiempo sería primer jefe de servicio de aquella UCI), los rudimentos de la ventilación controlada por volumen.

A pesar de la inexperiencia de todos, el trabajo multidisciplinar dio resultado y don Carlos pudo restablecerse casi del todo y, cómo no, volver a trabajar. Eso sí, las lesiones ortopédicas habían sido tan graves que se vio obligado a hacerlo primero en silla de ruedas y más tarde con muletas.

Con esta experiencia, no resulta extraño que uno de sus primeros proyectos fuera crear una Unidad de Cuidados Intensivos en la Clínica, basándose en las que empezaban a funcionar en Inglaterra y Estados Unidos. Inaugurada el 13 de enero de 1966, Jiménez Díaz la denominó “Unidad de Vigilancia Intensiva”, puesto que consideraba que era más para vigilar que para tratar (no existían aún intensivistas formados en el tratamiento integral del paciente crítico).

Como novedad, don Carlos instauró las guardias de 24 horas y dotó a la unidad con un laboratorio que también funcionaba de forma continua. Los primeros turnos de guardias se establecieron entre médicos jóvenes, con la especialidad de Medicina interna recién terminada.  De hecho, no será hasta 1973 cuando se convoquen las primeras plazas de residentes de Medicina intensiva en el Hospital de Bellvitge.

Jiménez Díaz falleció mientras trabajaba, el 18 de mayo de 1967. Desde entonces, según se puede leer en el monumento que preside su Fundación, “el hombre, la ciencia y la patria le rinden homenaje”.  Se les olvidó añadir que también la Medicina Intensiva española le estará eternamente agradecida.

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No sé si el monumento sigue así o han repuesto las letras que faltan. Pero parece que “la Patri” también quiere homenajearle. 🙂

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4 respuestas a Don Carlos Jiménez Díaz y la primera UCI española

  1. neumocito dijo:

    Desconocía que el origen de las UCIs en España fue en “La Concha”. Muchos de mis “maestros” de la neumología, felizmente jubilados desde hace tiempo y con más de 70-75 años, provenían de la FJD, y contaban como vivieron esos inicios de la UCI, donde todavía podían decantarse por los cuidados intensivos desde la neumología, la cardiología, o la anestesiología. e incluso hacían guardias habitualmente en la UCI. Muy interesante.

  2. Mariluz Vázquez dijo:

    Me ha encantado…que historia más interesante…totalmente desconocida para mí.
    Mariluz

  3. ¡Que historia más bonita! En realidad, siempre cualquier adelanto se debe a alguien visionario, empeñoso, trabajador y que no se amilana ante nada…

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