Por si te has planteado hacer Medicina Intensiva (y si no también) (I)

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Estos días salen las notas provisionales del MIR, y los futuros residentes empezarán a recorrer hospitales y servicios antes de decidir. Algunos lo tienen muy claro y otros no tanto. Como todos los años recibo preguntas sobre la especialidad en el blog, aquí va mi pequeño resumen para los que se lo planteen. De paso me servirá para explicar en qué consiste mi especialidad a los que no saben a qué me dedico, esos de “¿pero si no operas, entonces qué haces?” o “tus pacientes se mueren todos”.

Antes de nada, tengo que comunicar mis conflictos de intereses, en dos aspectos:  por un lado, me encanta mi especialidad y la volvería a hacer sin dudar, así que a lo mejor no soy muy objetiva. Por otro, en mi hospital (muy a mi pesar) no hay residentes, así que no gano ni pierdo nada con vuestra elección. Dicho esto… allá vamos.

La especialidad de MEDICINA INTENSIVA es la que atiende al paciente crítico allí donde esté (no necesariamente en una UCI). Vale, ¿y qué es un paciente crítico? Algunos pretenden definirlo de una manera muy rigurosa, y dicen por ejemplo que es aquel que presenta fallo de dos o más órganos, pero a mí así no me gusta (el fallo de un solo órgano te puede llevar a la tumba de la misma manera, si un intensivista no lo remedia). Prefiero decir que el paciente crítico es aquel que presenta una patología que supone una amenaza real o potencial, a corto plazo, para su vida o para la función de sus órganos.

El INTENSIVISTA tiene, en general, alma (y formación) de internista, pero trabaja en un escenario distinto, en el que las decisiones deben ser muchas veces inmediatas. Piensa en términos de fisiopatología y homeostasis y trabaja casi siempre con diagnósticos sindrómicos: primero (o al menos a la vez) actúa y después le pone los apellidos al problema. Eso no significa que la UCI sea pura adrenalina las 24 horas del día, hay momentos tensos (mucho) y otros más tranquilos.

El intensivista tiende a ver al paciente entero, y por tanto es una especialidad para los que no queremos centrarnos solo en una parte de la Medicina. Tiene la ventaja de ver de todo: cardio, neuro, neumo, nefro, infecciosas, politrauma, endocrino, patología quirúrgica… Por supuesto que trabaja en equipo con otras especialidades, pero es capaz de sacarse solo las castañas del fuego en muchas ocasiones. Esto convierte a la UCI en un servicio central que, sobre todo en hospitales pequeños, da apoyo a todo el hospital.

La especialidad tiene también un aspecto que suele resultar muy atractivo: las TÉCNICAS. La UCI suele encargarse de la RCP y su docencia en la mayoría de los hospitales, pero el manejo del paciente crítico requiere además muchas otras destrezas manuales: vías centrales, catéteres arteriales, manejo de la vía aérea (intubación, traqueostomía percutánea, control de la vía aérea difícil…), tubos de drenaje torácico, pleuro/para/pericardiocentesis y un largo etcétera. Técnicas que a veces se te atascarán y te harán preguntarte por qué no elegiste derma, pero que luego dominarás y te darán mucha seguridad.

Tiene también una parte de ELECTROMEDICINA, pero manejar respiradores, técnicas de depuración extrarrenal o métodos de monitorización hemodinámica invasiva es, en el fondo, cuestión de fisiopatología. Para que os hagáis una idea, cuando roté en Anestesia durante la carrera prometí que nunca en mi vida trabajaría con respiradores. Se ve que no me los explicaron bien… y que mi capacidad profética es bastante limitada.

Una cosa importante que debes saber es que estás eligiendo una especialidad con GUARDIAS para (casi) toda la vida. Y, aunque el trabajo más interesante es precisamente el que se hace en las guardias, al final pesan. No tanto el cansancio de la guardia, que también, sino el tener que encajar tu vida en función de tu calendario de guardias. Sí, ya sé que ahora no te importa e incluso te parece emocionante. Y lo es. Pero cansa.

Con todo esto, la pregunta que me han hecho muchas veces… ¿hace falta una personalidad especial para ser intensivista? Pues… yo qué sé. Probablemente no. Lógicamente, vas a tratar con situaciones graves, a veces dramáticas, y vas a lidiar de cerca con la muerte. Pero eso también se aprende, aunque acostumbrarte no te acostumbras nunca. Más bien te diría que los intensivos quizá no son lo tuyo si eres demasiado temerario (imprudente, vaya) o hiperinseguro. Y no te preocupes, la seguridad, igual que las destrezas manuales, se consigue con el tiempo. Solo hace falta un poco de prudencia, paciencia y ganas de aprender.

Por cierto, que al ser la Medicina Intensiva una especialidad muy tecnificada, hace falta una gran dosis de humanidad. No, no es la especialidad de los antisociales que quieren tener a sus pacientes dormidos para no tener que hablar con ellos, sino la de los que saben volcarse para facilitarles un momento tan complicado.

Bueno, pues si a estas alturas aún no te he desanimado (que no era mi objetivo, en absoluto) en la siguiente entrada hablaré de la residencia (lo que a mí me hubiera gustado saber) y de lo que viene después, de los cursos que merecen la pena, de docencia e investigación. Bueno, y de lo que queráis… ¿Comentarios?

 

 

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Coordinar niveles asistenciales: claro que se puede

Últimamente se habla mucho de coordinación entre niveles asistenciales, que es fundamental para muchas cosas: favorecer la comunicación, evitar duplicidades, atender mejor al paciente pluripatológico y evitarle paseos de aquí para allá. Al fin y al cabo, si compartimos pacientes y procesos, ¿cómo no vamos a compartir la asistencia?

El caso es que empiezan a surgir iniciativas, generalmente aisladas, para ponerlo en marcha. Y más o menos funcionan. Como todo, lo importante es implicar a la gente y convencerles de que se puede, para que estos proyectos no acaben siendo un papel abandonado en un cajón.

Un ejemplo: en mi servicio tenemos los datos para analizar la asistencia recibida por todos los pacientes que han llegado a la UCI con el diagnóstico de cardiopatía isquémica aguda desde 2008. ¿Por qué no compartirlos con todos los que participan en el proceso, desde el primer hasta el último interviniente? Especialmente en un área extensa y de predominio rural como la nuestra, parece esencial que en los centros de salud, consultorios y puntos de atención continuada conozcan los resultados que también son suyos. Una vez hecho eso, detectar puntos de mejora y poner en marcha iniciativas conjuntas debería ser coser y cantar.

Así que nos pusimos manos a la obra y, tras tres años de trabajo conjunto (¡¡médicos de familia e intensivistas, aparentemente los dos extremos del sistema, trabajando juntos!!) hoy tenemos en marcha un programa con muy buenos resultados. Una vía clínica que cada centro adaptó a sus características específicas para que fuera realmente útil, y que después confluye en una vía hospitalaria común. Sin gastar un euro y gracias al empeño de mucha gente.

Pues eso, que ha sido un proyecto muy interesante y me apetecía compartirlo. Aprovecho aquí para agradecer el trabajo y la ilusión de tantos compañeros de primaria y de la Urgencia de mi hospital. Esperemos que sea solo el principio de una larga y productiva colaboración.

Por si os interesa, os dejo la sesión que supuso la “presentación en sociedad” de la vía clínica. Los datos están comunicados en distintos congresos a lo largo de estos dos años. ¿Alguien más se anima?

Pincha aquí para ver la sesión

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Parando quirófanos

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Mi hospital ha salido estos días en los periódicos. Podría salir por muchas cosas buenas, pero no, ha salido por la denuncia de un sindicato. En resumen, se quejan de que se están “parando” (según ellos) cirugías complejas por falta de camas. ¿Es esto un problema? ¿Una decisión errónea? Es más,… ¿es real? Veamos…

Llevamos meses quejándonos de la presión asistencial, de la falta de camas, de los pacientes que se quedan días en la Urgencia porque no hay donde ingresarlos. Guardia tras guardia, contemplo cómo el jefe de hospital y la supervisora de guardia hacen malabarismos para ubicar a todo el mundo en las mejores condiciones. No es un problema del hospital, es el resultado de una mala gestión crónica de la sanidad madrileña, que improvisa cada vez y se sorprende año tras año de que haya gripe en febrero.

Así las cosas, el hospital toma una decisión más asistencial que política. Algo que no se estila en nuestra politizada sanidad. Los que tratamos pacientes críticos médicos y quirúrgicos nos quejamos siempre de que, hasta que no hay que parar quirófanos, nadie toma medidas. Este año no ha sido así: el hospital ha considerado que no se podía ingresar de forma programada mientras los pacientes urgentes se acumulan en urgencias. Desde mi punto de vista, es lo más lógico.

Hasta donde yo sé, ni se han suspendido quirófanos, ni se ha cancelado ninguna cirugía ya programada: simplemente se está programando cirugía mayor ambulatoria y cirugía oncológica. Los quirófanos siguen funcionando. Probablemente se puedan cambiar las tornas cuando cambie el pico de ocupación y citar más de las que requieren ingreso, no lo sé. Pero por fin se ha tenido en cuanta la situación de los pacientes no quirúrgicos, los que no se venden en los programas electorales. Desde mi visión de intensivista, deberíamos hacer una fiesta, no una denuncia. No creo que el papel de perro del hortelano, que parecen haber asumido algunos sindicatos, conduzca a nada.

De paso, para completar la demencialidad de la noticia, se comenta que la apertura de la URPA* va a disminuir el trabajo del personal de la UCI. Me da la risa. Porque la ratio enfermera/paciente no varía con URPA o sin ella, con pico de ocupación o sin ella. Así que la enfermería lo va a notar poco. Pero los intensivistas, en caso de que necesitemos ubicar allí a nuestros pacientes, vamos a llevar más camas sin nuevos contratos. No nos quejamos, nuestra UCI es pequeña y tres o cuatro camas más son asumibles. De hecho, para un intensivista es infinitamente mejor llevar 10 camas de UCI que tener 6 y verse obligado a atender al resto de pacientes en condiciones subóptimas, en planta o en la Urgencia, con menos monitorización de la que nos gustaría, o bien forzar altas precoces de los menos graves para ingresar a los que están peor o trasladar de forma urgente a pacientes inestables. Pero la realidad es que la apertura de la URPA a los médicos nos va a suponer más trabajo. Encantados, sí, porque los que salen ganando son los pacientes, pero más trabajo.

Pero claro, para algunos sindicatos los médicos no hemos existido nunca…

*Como algunos lo habéis preguntado, aclaro: la URPA es la unidad de recuperación postanestésica. En general suele estar equipada como unidad de críticos o al menos de intermedios, y por tanto se puede usar como ampliación de la UCI.

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Tres padres

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En los últimos días ha saltado a la prensa una noticia a la que se ha prestado poca atención, y desde luego muy poco rigor científico y ético. En Reino Unido han aprobado la “creación” de embriones a partir de tres gametos distintos. Como tantas veces en nuestro país, la prensa ha cerrado la cuestión como una especie de batalla ciencia-fe absolutamente ficticia. En Reino Unido hemos visto un debate más serio en el que se analizaban las razones científicas y éticas a favor y en contra.

En líneas generales, la técnica consiste en extraer el núcleo de un ovocito maduro de la madre portadora de una enfermedad mitocondrial, implantarlo en el ovocito de una donante sana al que se le ha extraído su propio núcleo y fecundarlo con esperma del padre. Esto se puede hacer también sustituyendo los ovocitos por óvulos fecundados (lo que multiplicaría los reparos éticos puesto que exige la destrucción de embriones). Así que el embrión heredaría material genético de la madre que aporta el núcleo, la que aporta el citoplasma, y el padre.

¿Tienen reparos científicos los embriones de tres padres? Sí, y muchos. A saber…

- La técnica se parece bastante a la de la clonación. Todos sabemos que Dolly fue un pequeño chasco, que envejeció y murió prematuramente. ¿Serán estos niños más propensos a tumores, a envejecimiento precoz y a otros problemas? No podemos descartarlo, puesto que no ha habido estudios suficientemente largos, pero muchos científicos creen que es muy probable. Parece más bien que estos primeros niños serán los conejillos de indias, que por cierto requerirán seguimiento estricto durante toda su vida, igual que sus descendientes.

- Pero es que además, desconocemos tanto de la interacción entre el ADN mitocondrial y el nuclear, que no es descabellado pensar que esta técnica provoque un exceso de muerte embrionaria, enfermedades inesperadas o muerte precoz. Y quizá no en estos niños, sino en su descendencia. Cuando ya no haya vuelta atrás.

- Además, en estudios animales ha quedado demostrado que en más del 50% de las ocasiones se transmitió parte del ADN mitocondrial deficitario. Pero es que además, está descrito que hasta el 20% de los casos de enfermedades mitocondriales se transmiten a través del ADN nuclear. No sabemos bien cómo, así que no podremos evitarlo. El caso es que no sería infrecuente la transmisión de la enfermedad, a pesar de todo.

Todo esto desde el punto de vista de la seguridad y eficacia de la técnica, que parece un poco limitada pero, ¿y la ética? Más allá de la valoración que puedan tener otras técnicas de reproducción asistida, especialmente en el caso en que esta nueva técnica supone destrucción de embriones, hay un tema especialmente importante: estamos manipulando la línea germinal de la especie humana.

Ya en el Convenio de Derechos Humanos y Biomedicina de 1997 (el famoso Convenio de Oviedo) se puso sobre la mesa la necesidad de evitar cualquier manipulación sobre la línea germinal (es decir, los gametos, las células reproductoras) por las consecuencias en las futuras generaciones. Pequeños cambios a este nivel pueden provocar consecuencias impredecibles e incontrolables. Así dice el artículo 13 del Convenio: “únicamente podrá efectuarse una intervención que tenga por objeto modificar el genoma humano por razones preventivas, diagnósticas o terapéuticas, y solo cuando no tenga por objeto la introducción de una modificaciónen el genoma de la descendencia“. En ética es esencial el principio de que no se puede someter a nadie (y menos a un embrión) a una intervención que no sea para su propio beneficio: la pega es que con esta técnica la intervención se hace extensiva también a la descendencia, que no se beneficiaría directamente de ella.

Es cierto que Reino Unido no se encuentra entre los países firmantes del Convenio de Oviedo, pero también hay una directiva mucho más reciente del Consejo de Europa, en concreto de 2011, que prohibe “ensayos clínicos de terapia génica que modifiquen la línea germinal“.  Parece, pues, que es una preocupación universal de la ciencia, que nada tiene que ver con las creencias religiosas. Y una obligación legal que Reino Unido se está saltando a la torera.

¿Más cosas? Leí en un artículo la declaración más sensata al respecto de esta noticia. Una bióloga explicaba que ya existen técnicas de fecundación in vitro que permiten tener hijos sanos a madres portadoras. ¿Qué aporta entonces esta técnica a lo ya aprobado? ¿Correr un riesgo tan grande no para que puedan tener hijos, sino solo para poder conservar su carga genética? Parece poco proporcionado, ¿no?

Eso sin contar con la mentalidad eugenésica que se mete por la puerta de atrás: el hijo como producto que debe someterse a controles de calidad. No es que luchemos porque esté sano (eso hacemos los médicos siempre, solo faltaba), es que solo lo aceptamos si está sano.

Claro, que para mí lo más sangrante del caso es que se decida si se aprueba o no por votación de los parlamentarios. Porque me apuesto algo a que más de la mitad no sabe lo que es una mitocondria. ¿Qué tal un comité de expertos en embriología o, mejor aún, un comité de expertos en embriología y bioética? ¿O queremos convertir el debate bioético en pura ideología política?

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¿Médicos técnicos y enfermeras humanistas? El MIR entre líneas

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Este sábado tuvieron lugar los exámenes de acceso a los programas MIR, EIR, FIR y compañía. Más de 12000 personas se presentaron para la mitad de plazas. Los cuadernillos de preguntas ya están disponibles.

Un vistazo rápido al MIR hace caer en la cuenta de lo que se evalúa en los futuros médicos: enfermedades superespecíficas, pruebas complicadas de interpretar, problemas de estadística y muchos casos clínicos. De gestión, prácticamente nada. De bioética, lo mismo. Solo dos preguntas más o menos humanísticas: una más bien de medicina legal, aunque se contesta con el Código Deontológico en la mano (qué hacer ante un menor cuyos padres se niegan a transfundirlo). Muy sencilla. Otra (fácil, fácil, por eliminación) sobre la información al paciente. El resto, casos y más casos.

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Bien. Si hemos decidido que sea una oposición puramente técnica, aceptamos pulpo como animal de compañía. No estamos evaluando vocación, sino conocimientos. No premiamos al médico que se sienta, escucha y sonríe, sino al doctor House. Si tiene que ser así, sea. Aunque un examen que repasa toda la carrera no debería olvidarse de asignaturas transversales y claves como la Bioética. No para mi gusto. Pero puedo aceptarlo.

Pero entonces uno echa otro vistazo al EIR. Y se le cae el alma a los pies. Porque ahí sí hay preguntas de gestión, de ética, de entrevista clínica, de historia de la enfermería… Quizá demasiadas de estas últimas, en mi opinión. Pero resulta que las enfermeras especialistas se han repasado los principios de la bioética, conocen la ética del cuidado y lo más importante de la entrevista clínica. Y saben quién fue Virginia Henderson y qué es un cuadro de mando, lo mismo que conocen la técnica de Papanicolau, las necesidades nutricionales del recién nacido o la tasa de filtrado glomerular. Los médicos especialistas solo necesitan saber de esto último.

Igual no estáis de acuerdo, pero creo que el MIR dice mucho entre líneas. Dice que se buscan médicos técnicos que pueden ser una nulidad en ética o en relación con el paciente. Dice que la enfermería nos ha adelantado en cuanto a humanización. Dice que no se valora el lado humano de la Medicina, que para algunos podría incluso desaparecer sin que nadie la echara de menos. Nos convierte a los médicos en meros técnicos, en enciclopedias andantes, en ejecutores de pruebas, sin una migaja de humanismo.

Ay, si Gregorio Marañón levantara la cabeza…

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Wilhelm Conrad Roentgen: el genio sin epónimo


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Wilhelm Conrad Roentgen (o Röntgen) nació en Lennep (Alemania) el 27 de marzo de 1845.

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Casa natal de Roentgen, hoy convertida en museo

Cuando tenía tres años, su familia se mudó a Apeldoorn (Holanda), donde creció. Con 17 años entró en la Escuela Técnica de Utrecht, de la que sería expulsado por realizar una caricatura a uno de sus profesores (algo que él siempre negaría). En 1865 intentó ingresar en la Universidad de Utrecht, pero no cumplía los requisitos exigidos (haber aprobado previamente latín y griego), así que empezó sus estudios en la Escuela Politécnica de Zurich, donde se doctoró en ingeniería mecánica.

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Escuela Politécnica de Zurich

Desde 1875 se dedicó a la docencia de la física, primero en Wurtemberg y Estrasburgo, y después en las universidades de Giessen y Würzburg. En 1900 fue nombrado catedrático de física en Munich y director del instituto de física de la misma ciudad.

El 8 de noviembre de 1895, Roentgen descubre los rayos X. Trabajando con un tubo de rayos catódicos (tubo de cristal en el que se ha hecho previamente el vacío) observó que una placa de platinocianuro, colocada para proteger la ventana de aluminio del tubo, emitía luz cuando se aplicaba a éste una corriente eléctrica. Concluyó que, al chocar los rayos catódicos con el cristal del tubo, se producía algún tipo de radiación desconocida que producía luminiscencia en contacto con el compuesto químico.

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El laboratorio de W. Roentgen, actualmente conservado como museo

Aprovechando que era viernes, dedicó el fin de semana a realizar nuevas observaciones en su casa. Siguiendo su famosa máxima -“yo no pienso, investigo”- los experimentos se prolongaron durante cientos de horas: durante semanas, Roentgen comía e incluso dormía en su laboratorio, mientras completaba el estudio de las propiedades de dichos rayos, a los que llamó X en analogía con las incógnitas matemáticas. Así descubrió, entre otras cosas, que esta radiación atravesaba papel, madera y aluminio, pero no el plomo, y que velaba las placas fotográficas. Sosteniendo con las manos un aro de plomo para comprobar si los rayos lo atravesaban, descubrió con sorpresa que veía también los huesos de su mano. Se le ocurrió imprimir la imagen en una placa fotográfica: de esa forma, la imagen de la mano de su mujer, realizada el 22 de diciembre de 1865, fue la primera radiografía de la historia.

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Cuentan que Ana Bertha Roentgen se llevó un buen susto cuando vio su mano

El 28 de diciembre entregó su artículo original (“On a New Kind of Rays”), en el que ya se incluía la radiografía de su mano, a la Sociedad Física y Médica de Würzburg, que lo publicó a los pocos días. No lo había hecho antes, por miedo a estar equivocado y a que los otros científicos se burlaran de él.

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“On a New Kind of Rays”

El 5 de enero de 1896 un periódico australiano recoge su descubrimiento y el 23 de enero de 1896 (hace hoy exactamente 119 años) realiza su primera demostración en una reunión científica. Aunque más preocupado por las propiedades físicas de los rayos que por sus aplicaciones practicas, en febrero de 1896 mandó una foto de la radiografía de un brazo fracturado al British Medical Journal, para demostrar el poder diagnóstico de la técnica.

Los rayos X revolucionan enseguida la práctica médica: apenas 16 días después de publicar su informe, ya se había realizado una radiografía de las muelas de un paciente, al año se habían publicado 49 libros y más de 1200 artículos en revistas científicas.

El descubrimiento de los rayos X le valió a Roentgen ganar el primer Premio Nobel de Física, en 1901.  Roentgen donó la cuantía del premio a su universidad. Por razones éticas, rechazó registrar ninguna patente en relación con su descubrimiento, a la vez que se negó a que los rayos llevaran su nombre (aunque sí se llaman rayos Roentgen en la literatura alemana).

El propio Thomas Edison quiso comprar la patente de Roentgen. No la consiguió (su descubridor consideraba que debía ser patrimonio de la humanidad), pero instaló en la Exposición Eléctrica de Nueva York, en 1896, una atracción en la que cualquiera podía ver los huesos de su mano en un fluoroscopio. El encargado de dicha atracción, que murió a las pocas semanas tras perder la piel de la mano y sufrir una sobreinfección, es la primera víctima conocida de la radiación. Una vez conocido el potencial dañino de los rayos X, se prohibió su uso en este tipo de atracciones y se restringió al campo médico. El propio Roentgen había tenido, desde los inicios de sus investigaciones, la intuición de protegerse con un delantal plomado.

A principios del siglo XX, Roentgen aceptó un puesto en la Universidad de Columbia en Nueva York, y llegó a comprar el billete de barco, pero el estallido de la Primera Guerra Mundial le hizo cambiar de planes y permanecer en Munich hasta el final de su carrera. La inflación que propició la Guerra le llevó a la bancarrota, y terminó sus días en la pobreza, retirado en su casa de campo en Weilheim. Allí falleció el 10 de febrero de 1923, víctima de un cáncer intestinal, aparentemente no relacionado con su constante exposición a la radiación.

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Sanidad justiciera

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En los primeros días de año, mi TL de twitter se ha revolucionado con la queja de un tuitero (al que ni sigo ni voy a citar, por no hacerle propaganda). Le molestaba que con ” su dinero” (o sea, con los impuestos de todos) se pagara el tratamiento de la hepatitis C. Y es que según él (y cita datos de la OMS que no se corresponden exactamente con los españoles) el 60% de los contagios son por transmisión sexual y el 15% por consumo de drogas por vía parenteral. O sea que no quiere pagar sus tratamientos porque, al fin y al cabo, ellos se lo han buscado.

El tono de sus tuits posteriores y las decenas de respuestas indignadas que recibió hablan por sí solos. Pero, al fin y al cabo, ese tuitero no hizo más que poner sobre la mesa -de una manera un poco brutal, es cierto- algo que más de uno ha planteado en alguna ocasión: ¿debemos tratar al paciente que no pone de su parte? El mismísimo NHS inglés llegó a sugerir no tratar el cáncer de pulmón a los pacientes que siguen fumando.

Claro que es deseable que cada uno sea responsable de su salud y del sistema sanitario que la ampara. Por supuesto que hay que incidir en los factores de riesgo, y que es más eficiente una estrategia preventiva que asumir las consecuencias de no haber controlado los factores de riesgo. Pero de ahí a convertir la sanidad en un sistema justiciero y penalizador media un abismo.

¿Combatimos la prostitución no tratando las enfermedades de transmisión sexual como sugiere nuestro tuitero? ¿Dejamos de tratar el infarto y la bronquitis crónica de los fumadores? ¿La artrosis de los obesos? ¿La enfermedad cardiovascular de los sedentarios? ¿Negamos el tratamiento de la neumonía a los que salen sin bufanda o de la gastroenteritis a los que se pasan en las comidas navideñas? ¿Rechazamos hacer gastroscopias a los que comen comida picante? ¿Dejamos sin tratar a los suicidas o a los politraumatizados que iban demasiado rápido con el coche? Por supuesto, sin tener en cuenta las situaciones de marginación social o qué sé yo que les hayan podido llevar a la prostitución, las adicciones, etcétera.

Sé que estoy reduciendo al absurdo, pero es que si despojamos a la Medicina de su lado humano, de la compasión, la comprensión y la empatía, la estamos despojando de su razón de ser. Como médico, he tenido que atender muchas veces a gente cuyo modo de vida no comparto o que incluso me genera un auténtico rechazo. No solo he intentado que no se note, sino que creo que es precisamente en esos momentos en los que soy más auténticamente médico.

Reducir la justicia social que supone la universalidad de la asistencia a una justicia ante los propios merecimientos es profundamente inhumano e insolidario. Es destruir lo construido con el esfuerzo de muchos y a lo largo de siglos. El que nunca se haya comido una hamburguesa del McDonald´s, que tire la primera piedra.

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