El poder (casi) infinito de la tecnología médica

Hoy he mantenido una interesante conversación en twitter. Una persona que ha visto este vídeo que refleja – a mi juicio, de una forma muy real- el día a día de un médico en pleno pico de la pandemia me planteaba una duda. ¿Qué significa eso de retirar la ventilación mecánica después de hablar con la familia? ¿Eso se hace? He intentado explicárselo con la limitación de la extensión de un tuit y creo que no lo he logrado del todo. Por eso, por si alguien más se lo pregunta, aquí va una explicación más detallada. 

Intensive care.

Es un hecho que la Medicina ha avanzado en estos dos últimos siglos mucho más que en toda su historia anterior. Podríamos mencionar muchos hitos: la anestesia, los antibióticos, los avances en genética y muchos otros. Y, entre todo eso, no es pequeña la aportación de la tecnología. Estos días hemos visto en los medios enfermos rodeados de aparatos, hemos hablado con toda naturalidad de respiradores y hemos planteado la necesidad de más camas de UCI… Pero… ¿de qué estamos hablando?

Hablamos de sistema de monitorización muy precisos que permiten conocer un montón de variables fisiológicas en tiempo real para ajustar al máximo los tratamientos, pero sobre todo hablamos de sistemas de soporte de órganos. Me explico: un ventilador mecánico (que no respirador, en realidad) es una máquina que sustituye la función del pulmón. Bueno no, en realidad sustituye la función de los músculos respiratorios permitiendo cubrir las necesidades aumentadas de un organismo cuyos pulmones están enfermos. Pero el ventilador no cura la enfermedad pulmonar. De hecho, en ocasiones, puede empeorarla. Lo mismo ocurre con los sistemas de depuración extrarrenal (máquinas de diálisis, por ejemplo) y no digamos con los sistemas de soporte circulatorio (quizá estos días habéis oído hablar del sistema ECMO y seguro que en algún momento leísteis sobre los corazones artificiales). Pero ninguna de esas máquinas cura nada, sólo sustituyen la función de un órgano mientras éste se recupera de su enfermedad. Fantástico. De la mano de la tecnología surgió la Medicina Intensiva, probablemente la especialidad más tecnificada de todas, que utiliza estas máquinas para mantener la función de los órganos vitales mientras damos tiempo a su curación, preservando de ese modo la vida del paciente.

Pero, ¿qué ha ocurrido? Que gracias a tanta tecnología hemos llegado al punto de poder prolongar artificialmente situaciones irreversibles. Incluso en pacientes en situación de muerte encefálica podemos “detener” temporalmente ese proceso de muerte y mantener su corazón y sus pulmones funcionando. Quizá para que nazca la criatura que gesta una mujer en esa situación, quizá para darle la opción de donar sus órganos…

Pero claro, esto ha supuesto también que en cierta medida sea posible mantener artificialmente con vida a pacientes en los que tenemos la certeza de que nunca se recuperarán. Nunca podremos retirarles la sedación profunda, nunca despertarán, nunca podremos quitarles la máquina, nunca podrán salir de la UCI. Es en esos momentos cuando el buen médico debe reconocer que la Medicina tiene unos límites, que la muerte es siempre compañera de camino y que la dignidad de la persona exige dejar que la naturaleza siga su curso sin alargar inútilmente una situación sin salida. Y entonces planteamos retirar unas medidas que son desproporcionadas. Porque no conducen a nada.

Es por eso que tenemos que tomar esas decisiones difíciles. Es por eso que no nos planteamos poner ventiladores a pacientes con pronósticos pésimos (y se nos ha criticado hasta la saciedad por eso, pero los que sabemos un poco de Medicina intensiva sabemos del pésimo pronóstico del síndrome de distrés respiratorio en los ancianos, por ejemplo). Y es por eso que lo retiramos cuando sabemos que no le estamos aportando nada, más que un exceso de sufrimiento a él y a su familia.

La siguiente pregunta que se me planteaba es cómo sabemos cuándo hay que retirar esas medidas, cómo sabemos que todo está perdido. Pues hay escalas y factores pronósticos, hay estudios científicos y datos al respecto que nos ayudan a tomar la decisión. Y se consensúa siempre entre todo el servicio. Y después se habla con el paciente (si está en condiciones) o sus representantes. Porque es una decisión tan trascendental que queremos ser exquisitos. Porque es lo más difícil de la Medicina pero es también una forma de buscar el bien de nuestros pacientes. Porque lo exige su dignidad y la nuestra. Porque no supone abandonar al paciente sino llevar a su máximo exponente el fin de la Medicina: curar a veces, aliviar a menudo, consolar siempre.

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El último aplauso

aplauso

Leo que hoy está convocado un gran aplauso final para los sanitarios, y me parece bien. Ha sido emocionante constatar un apoyo que nos ha llevado en volandas todas estas semanas, pero esto también significa un paso hacia la normalidad. Y a la vez, como dice Vetusta Morla en su preciosa canción Los Abrazos Prohibidos, nos hemos ganado a pulso el aplauso más largo del mundo. Así que no olvidéis que no solo se aplaude con las manos, sino con el respeto y con la actitud.

Nosotros ahora estamos reiniciando la sanidad. Sin haber parado para tomarnos el merecido descanso o para restañar las cicatrices profundas que nos ha dejado esta batalla (os recomiendo leer este post de Ángela Alonso, que lo cuenta de una forma fantástica). No paramos, porque la sanidad no puede detenerse nunca. Porque hay muchos pacientes que han visto detenerse sus procesos durante estos dos meses, por necesidad y por su propia seguridad, pero que no pueden, no deben, esperar más.

Por eso, aplaudidnos con vuestra actitud y vuestro respeto cuando descubráis lo que han aumentado las listas de espera estos meses, cuando veáis que seguimos trabajando con menos medios de lo que nos gustaría, cuando nos cueste sonreíros si os atendemos tras 24 horas trabajando, o si tenemos un mal día, o si nos estamos recuperando de la pesadilla que hemos vivido. Aplaudidnos haciendo un buen uso del sistema sanitario como habéis aprendido a hacerlo en esta crisis.

Nosotros seguiremos aplaudiendo, aunque sea por dentro, cada extubación y cada alta. Y lamentando cada batalla perdida. Porque para nosotros todos los pacientes son igual de importantes, aunque su enfermedad no sea de las que paran el mundo y abren los telediarios.

Seguimos siendo esos a los que habéis llamado héroes sin capa. Los mismos que volveríamos a meternos con vosotros en la boca del lobo sin mirar atrás (Vetusta Morla dixit) si hubiera -Dios no lo quiera- un repunte. Más cansados y con más heridas, algunas quizá incurables, pero los mismos. No lo olvidéis.

Gracias por los aplausos de estos dos meses. Gracias por vuestros aplausos futuros.

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Pequeño gran hospital

Querido hospital:

Parece mentira que ya hayan pasado 12 años desde aquel día en que llegábamos por primera vez, perdidos por la A3 y con la rotonda aún a medio construir. No sabíamos qué nos depararía el futuro; si serías, como decían algunos, “un ambulatorio con camas” o seríamos capaces de hacerte crecer como hospital de agudos. Desde entonces hemos vivido tantas cosas… alegrías y sinsabores, preocupaciones y éxitos… Y, paso a paso, hemos construido tu historia y tu personalidad.

No sabíamos entonces qué sería de ti, pero lo que es seguro es que si, en aquel lejano febrero de 2008, alguien nos hubiera contado lo que íbamos a vivir este mes lo habríamos tomado por el desvarío de un loco. El tsunami que nos ha arrastrado y nos ha hecho vivir la peor de las pesadillas no entraba en tus planes, ni en los nuestros.

Pero quizá haya sido ahora, en el peor momento, cuando has mostrado tu cara real. La de profesionales que estiran turnos y duplican guardias sin pensárselo, que se exponen a un virus traicionero con tal de ganarle unos metros en esta batalla. La de una planta de hospitalización que en pocos días doblaba su capacidad, y una UCI que se multiplicaba por cuatro en un fin de semana, la del ingenio para conseguir recursos para todos y la colaboración entre especialidades, aunque supusiera en ocasiones cambiar de ocupación,  desempolvar fonendos o abandonar las calculadoras pediátricas para tratar pacientes de 100 kg… La de una plantilla que se esforzaba por humanizar la realidad de los afectados por una pandemia que deshumaniza todo lo que toca; un equipo que sonríe debajo de las mascarillas, acaricia con manos enguantadas y escribe mensajes de ánimo en sus EPIs… Y que también llora y se traga las lágrimas, se rompe y se recompone, para seguir poniendo los cinco sentidos en sus pacientes.

Y, al mismo, tiempo, hemos experimentado cómo todo un área sanitaria se volcaba en una ola inmensa de solidaridad, cosiendo mascarillas, imprimiendo pantallas y artilugios en 3D, donando cosas de lo más variopintas, dejando carteles de ánimo, aplaudiendo a las 8 o -lo más importante- quedándose en casa. Gracias Arganda, Rivas, Morata, Villarejo, Brea, Tielmes, Estremera, Perales y todos…

Saldremos de esta, y no volveremos a ser los mismos. Quedarán algunas cicatrices visibles y muchas de las que no se ven. Quedará un futuro por reconstruir y un terrible pasado en el recuerdo. Quedará la alegría de las vidas salvadas y la agridulce memoria de los que se fueron. Y quedará un hospital más fuerte, más unido y más humano. Mucho más humano.

Realmente, nos estás haciendo sentir orgullosos de formar parte de este equipo. Nos estás demostrando la grandeza de un puñado de profesionales y personas, enormes en ciencia y en humanidad.

Sí, te has ganado un sitio entre los grandes, pequeño.

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Seguid aplaudiendo

He leído estos días que algunos sanitarios están hartos de los aplausos. Que piensan que es infantilismo, que los responsables de esto nos echan el marrón encima y piensan que es suficiente con un aplausito, que se olvidarán de nosotros cuando esto pase y mil argumentos más. Y seguro que tienen razón.

Pero reconozco que a mí me gustan. Porque cuando veo a mis vecinos salir a aplaudir (y salen muchos) entiendo que aplauden la labor que hacemos los que no podemos quedarnos en casa, los que nos la jugamos cada día, los que tenemos que tomar decisiones terribles, los que hemos aprendido a sonreír debajo de las mascarillas, los que hemos robado al sueño tantos cientos de horas, los que ya no tenemos días libres, los que lloramos y aplaudimos con cada extubación, con cada alta y con cada vídeollamada para que los pacientes puedan ver a sus familias…

Entiendo que aplauden para ayudarnos a levantarnos cada mañana, para que podamos afrontar el infierno que vivimos cada día, para que podamos sacar fuerzas de flaqueza y seguir adelante.

Porque llegarán los reconocimientos y los homenajes oficiales, pero a mí los que me llegan de verdad son los de la gente de a pie, los que tienen familiares ingresados, los que han perdido seres queridos pero saben que nos hemos dejado la piel, que también hemos llorado a ese paciente desconocido para nosotros, que le hemos cogido la mano -aunque sea con guantes- en los últimos momentos, que hemos pintado sonrisas y frases de aliento en nuestros EPIs para que ellos las vieran… Porque sois vosotros los que nos lleváis en volandas. Porque sois vosotros la razón de nuestro trabajo. Con o sin coronavirus.

Seguid aplaudiendo. Aunque sea por dentro.

 

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Carta de una enfermera de paliativos

En las últimas semanas han sido varios los que me han preguntado si no iba a escribir algo sobre el proyecto de ley de eutanasia. La realidad de la vida es que mi blog navega un poco a la deriva porque no tengo tiempo para dedicarle, pero desde luego era una buena idea.

Y mientras le daba vueltas, leí la carta de una enfermera que ha trabajado en cuidados paliativos y ahora escribe desde el otro lado, como enferma de cáncer. Creo que no se podía escribir nada mejor, así que le pedí permiso para publicarla aquí. No dejéis de leerla, porque merece la pena. La carta de María:

Durante esta semana hemos estado escuchando mucho sobre eutanasia sí, eutanasia no. Esta carta no va dirigida a condenar nada. Nunca juzgaré a nadie que esté pasando por una situación de gran dolor. Estoy convencida de que cuando una persona que se encuentra en una situación de grave enfermedad pide la muerte es porque todo lo demás ha fallado y por lo tanto es un fracaso del sistema, que no ha sabido cuidarla como se merece.

Tengo la gran suerte de haberme podido formar en el hospital St. Christopher Joseph, centro creado por Cicely Saunders, la fundadora de los cuidados paliativos modernos. Esta mujer revolucionó la manera de enfrentarse al dolor y la muerte. Comprobó que un paciente que se encuentra al final de su vida padece un «dolor total», porque no solo sufre el cuerpo, sino que también está el dolor emocional, el dolor social y el dolor espiritual. Ante esta realidad, Cicely Saunders no optó por quitar el dolor eliminando a la persona que sufre, sino que formó a distintos profesionales para que cuidaran todas las dimensiones del sufrimiento.

Después del máster he tenido la suerte de ser enfermera de Oncología, y estoy completamente enamorada de mi profesión, que se reduce a una palabra: cuidar. En estos siete años he visto situaciones muy dolorosas, he acompañado a enfermos y familiares en sus últimos días y he podido aplicar todo lo que había aprendido en el máster de cuidados paliativos.

He dicho ya que he estado trabajando en la planta de Onco-hematología durante siete años. Desde hace dos años ya no puedo: un cáncer de mama metastásico en estadío IV me lo impide. Me he pasado al otro lado, al del dolor y la vulnerabilidad. Soy una persona con una enfermedad crónica, incurable y que por supuesto produce dolor. Cuando estos días escuchaba qué personas eran aptas para pedir la eutanasia y vi que yo era una de ellas, me produjo una profunda tristeza. Qué sociedad tan débil tenemos que ante el dolor te proponen eliminar la vida del que sufre y encima lo ve como un éxito. Que en pleno siglo XXI la solución que dan a las personas que sufren sea la muerte es de una cutrez impresionante. Por favor, no me ofertéis la muerte cuando esté cansada por tantos tratamientos, o cuando el dolor aumente, o cuando un día me levante agotada y diga que no puedo más. Demostradme que no soy una carga y que deseáis tenerme. Por favor, ofertadme lo que afortunadamente yo he podido ver y hacer durante años: unos cuidados paliativos de calidad que me quiten el dolor y que me acompañen hasta el final, pero no me pongan una inyección que acabe con mi vida y, por favor, no me digan que eso es una muerte digna.

Termino con unas palabras de Cicely Saunders: «Importas por ser tú, importas hasta el último momento de tu vida y haremos todo lo que esté a nuestro alcance, no solo para que mueras en paz, sino para que vivas, hasta el día en el que mueras».

Ayudemos a que nadie, en el momento del dolor, elija la muerte por falta de sentido y de soporte. Hay mucho por hacer y por aliviar y cualquiera podemos poner nuestro granito de arena para que la gente muera de manera natural y que esta opción no sea un sueño, sino una realidad. La eutanasia nunca será un fin natural, ni una muerte digna.

María Requena Meana.

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¿Dónde me recomiendas hacer intensivos?

Desde que escribí esta entrada y esta otra cada marzo se me llena el buzón del blog preguntándome dónde elegir la especialidad. Y la realidad es que ya ha llovido mucho desde que yo me paseé por los hospitales de Madrid eligiendo el hospital que más me gustaba y que llevo 11 años trabajando en un hospital sin residentes. Así que no me es posible recomendaros honradamente qué hospital coger en Madrid, Galicia o Andalucía.

Para poder contestar a todos los que me preguntáis, aquí os pongo un algoritmo de lo que yo valoraría y lo que preguntaría en los hospitales que me planteara elegir. Más no puedo deciros.

1.- Antes que nada, plantéate a qué cosas estás  dispuesto a renunciar para coger la plaza de tus sueños. ¿Estarías dispuesto a cambiar de ciudad, a dejar a tu familia, tu equipo de fútbol o las cañas con tus amigos? Ten en cuenta que la formación que recibas en cualquier UCI española será suficientemente buena, así que si eliges quedarte en tu casa, no serás peor intensivista.

2.- Si tienes opciones de moverte (o si estás deseando irte de tu casa), ve a dar una vuelta por los hospitales de las ciudades que te gusten, habla con residentes mayores y pequeños (intenta hablar con varios en cada UCI, para asegurarte de que no te quedas solo con la información del residente happy que sería feliz haciendo intensivos en una cueva ni con el achicharrado que está enfadado con el mundo).

3.- Vale, bien, pero… ¿a qué hospitales voy? ¿Y qué pregunto? Puestos a elegir, yo buscaría uno grande, con Neurocirugía, Cirugía Cardiaca y Hemodinámica. Con un número grande de ingresos al año. Así te asegurarás de que cualquier cosa que veas de adjunto ya la habrás visto de resi. No hace falta que sea el más grande de España, basta con que sea un hospital de primer nivel (¿o de tercero? Nunca me aclaro), o el de referencia de tu provincia. ¿Y si no tengo opción a un hospital grande? Pues elige uno pequeño y asegúrate de que podrás rotar en politrauma, neurocríticos y postoperados de cardiaca. También aprenderás cosas que no se aprenden en los grandes.

4.- Eso sí, incluso antes de eso, pregunta si hay buen ambiente, si los adjuntos enseñan y supervisan, si los residentes se llevan bien, si hay iniciativas de humanización en la asistencia… El ambiente es muy, muy importante. Es bueno ir contento a trabajar. Habrá días duros y es mejor vivirlos en un entorno amable. ¡Ah! Y yo te diría que elijas un sitio donde las guardias se libren. Con el tiempo me lo agradecerás.

Estas fueron las cuatro patas de mi elección. Y acerté de pleno.  Luego ya, pregunta por lo que te interese: si se investiga, si podrás hacer el doctorado, si los resis van a congresos, desde qué año se pasa por la UCI, qué rotaciones hay, si te podrás ir al extranjero o si el menú de la cafetería es bueno. Pero yo te diría que todo esto es un poco menos importante. Porque todo eso te lo construirás tú con tu empeño y tu actitud. Y estudia. Estudia mucho. Eso también es cosa tuya.

Y recuerda. Elijas lo que elijas, disfrútalo. Has escogido una especialidad preciosa. Dura a veces, sí, pero preciosa. ¡Suerte!

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Un vídeo que merece verse (sobre todo si eres enfermera)

Rompo el silencio del blog para compartir un vídeo que me ha llegado y merece la pena. Enfermeras que fueron clave en la historia de la Medicina. No sé quién ha hecho el vídeo ni lo he contrastado… pero merece la pena

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Sobre el tráfico de órganos…

No pensé que mi vuelta al blog fuera con este tema, pero es que no doy crédito a las noticias… Se investiga si el Barsa pudo comprar un órgano para Abidal. Algo tan grave que puede provocar una seria crisis en la credibilidad del sistema español de trasplantes (reconocido como el mejor del mundo por sus excelentes resultados).

Es grave el hecho y grave la repercusión que pueda tener. Porque ya he leído en varios sitios la pregunta del millón: ¿llegas al hospital público con un hígado bajo el brazo y te lo trasplantan sin preguntar? La desconfianza hacia el sistema de trasplantes surge con fuerza. Así que voy a explicar brevemente cómo funciona la cosa… Para evitar conspiranoias.

La donación de cadáver está muy controlada en España. Si llegas al hospital con un hígado bajo el brazo no solo no te lo trasplantarán, sino que te detendrán, buscarán los restos del antiguo propietario del órgano para enterrarlo dignamente y probablemente tratarán tu insuficiencia hepática en una cómoda celda de Soto del Real. No, claramente no es eso lo que ha hecho el Barsa…

Lo que ocurre es que existe el trasplante hepático de donante vivo. Un donante (emparentado y de forma altruista) dona parte de su hígado para salvar la vida a un ser querido. El hospital tiene medios para detectar una posible compra, entre otras cosas un procedimiento que pone en marcha el Comité de Ética para asegurarse del altruismo de la donación y evitar cualquier tipo de coacción (no solo la compra, sino la falta de libertad que puede haber en el caso de un cónyuge que por lo que sea tiene una relación de inferioridad, la existencia de chantaje emocional, etcétera…).

¿Se puede engañar al Comité y al equipo médico? Sí, pero es difícil. El supuesto primo de Abidal (de confirmarse los hechos) debía ser buen actor. Pero donó parte de su hígado, no apareció en la puerta de un hospital con un hígado bajo el brazo. Ni hay un “niño desaparecido” al que le extrajeron el órgano por ahí. No, eso en España no se da.

De hecho hace tiempo hubo un intento de compra de órganos, que se detectó a tiempo, del que hablé aquí

¿Entonces qué? De confirmarse la noticia, ¿qué es lo que se ha provocado?:

  • una injusticia tremenda con los que están en lista de espera. Lista que avanza en un régimen de equidad y con criterios clínicos, no económicos.
  • se ha puesto en riesgo la vida del donante aprovechándose de su necesidad. Que la hepatectomía parcial no es quitarse un grano…
  • se ha puesto también en riesgo el sistema de trasplantes español (que siempre ve empeorar las tasas de donación con este tipo de noticias).
  • pero es que además… ¿fue al menos por compasión ante la mala situación del jugador o porque no podían prescindir de él en el equipo? Porque he leído por ahí que han hecho un acto bueno con el pobre jugador que se moría, pero es que lees la noticia y parece que la cosa va de beneficios del club más que del jugador…

Total, que espero que no se confirme la noticia, pero de hacerlo es una de las cosas más graves que puede salpicar al Barsa. Que sí, que yo soy del Madrid, pero me hubiera indignado igual si lo hace Florentino. Que conste.

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Humanización y ética, a debate

Si hubiera que elegir la palabra de moda en el mundo de la gestión sanitaria, sería sin duda la humanización. Un término que define la característica esencial de la relación médico paciente o disfraza cualquier idea peregrina, que mejora la calidad o satura más a los ya de por sí saturados profesionales, que agrada y cansa a partes iguales a los implicados…

Se ha hablado de humanización desde muchos puntos de vista, pero pocas veces se ha abordado la humanización como exigencia de la ética, la relación entre ambos conceptos, la influencia que los programas de humanización tienen en el “bagaje ético” de una institución sanitaria.

Por eso el Hospital Universitario del Sureste organiza estas jornadas que no debería perderse nadie interesado en la ética asistencial o en la humanización. ¿Nos desvirtualizamos allí?

 

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Hamilton Naki y el primer trasplante de corazón, ¿injusticia histórica o falta de rigor periodístico?

Seguro que muchos de los lectores de este blog conocen la historia “oficial” del jardinero negro que participó en el primer trasplante del corazón de la historia, del que hoy se cumplen 50 años. Una historia muy similar a la que contamos aquí sobre Blalock, Taussig y Thomas. Sin embargo, hay serias razones para pensar que, en este caso, se trata simplemente de una mentira cien veces repetida hasta convertirse en verdad, fruto del escaso rigor periodístico. Eso sí, participara o no de ese momento histórico, Hamilton Naki merece un lugar entre los gigantes.

 

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Hamilton Naki nació el 26 de junio de 1926 en Ngcingane, Cabo del Este, Sudáfrica. Como muchos hijos de las familias más pobres de la zona, apenas recibió seis años de educación primaria y, a los 14, emigró a la capital en busca del trabajo. Fue contratado como jardinero en la Universidad de Ciudad del Cabo.

Pasados los años, Robert Goetz le pide ayuda para trabajar en el laboratorio de la Universidad, ocupándose de los animales de experimentación. En un principio su labor consistía en alimentarles y limpiar las jaulas, pero Goetz comienza a pedirle ayuda en algunos procedimientos y queda deslumbrado por la habilidad innata del joven Naki. Tanto, que conseguirá que se le otorgue un permiso especial para realizar intervenciones en animales. Sin embargo, en aquellos momentos del Apartheid, resultaba impensable que colaborara en procedimientos sobre pacientes. A pesar de que todos los médicos que trabajaron con él, incluido Christiaan Barnard, estaban convencidos de que Nika habría sido un gran cirujano.

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Universidad de Ciudad del Cabo

En 1967 Nika no cobraba ya su mísero sueldo de jardinero, sino que se le remuneraba como técnico de laboratorio. El 3 de diciembre de ese año sería un día histórico: Christiaan Barnard llevaba a cabo el primer trasplante cardiaco de humano a humano. El donante, Denise Darvall había fallecido en un accidente de tráfico. El receptor, Louis Washkansky, vivió 18 días trasplantado antes de morir por una neumonía. En realidad Louis no fue la primera persona en recibir un corazón, el 24 de enero de 1964 James Hardy, de la Universidad de Mississipi, en Jackson, había trasplantado el corazón de un mono a un paciente moribundo, Boyd Rush. El corazón latió 90 minutos antes de pararse.

Christiaan Barnard y Louis Washkansky

Hamilton Naki se retiró en 1991 con su sueldo de jardinero. Tras el fin del Apartheid en 1992 saltó a los medios la historia de que Nika había participado en el primer trasplante de corazón realizando él solo el explante del órgano. Su historia creció y se repitió en cientos de medios y, en la década de los 2000, Naki recibió diversos reconocimientos, entre ellos la orden nacional de bronce de Mapunbugwe y el grado honorario de Medicina de Ciudad del Cabo.

El 29 de mayo de 2005 Naki fallecía, precisamente de un fallo cardiaco. Los periódicos se llenaban de necrológicas que exaltaban su participación en el trasplante. Pero, pocos meses después, tanto The Economist como The British Medical Journal corregían sus necrológicas (podéis leer las correcciones aquí y aquí). Reconocían que la historia se basaba en unas declaraciones del propio Naki que, elevado al papel de injusticia histórica tras el fin del apartheid, había acabado por creerse su participación en el trasplante cardiaco. The Economist, el primer medio en contar la historia, no había contrastado la noticia, que en realidad era falsa. Más tarde, varios de los participantes en la intervención negaron la presencia de Naki en quirófano, y alguno de sus familiares reconoció que el jardinero había sabido del trasplante por la radio.

La polémica estaba servida. Sin embargo, hoy los medios siguen contando la historia de Naki sin referirse a la polémica de las necrológicas corregidas. De lo que no cabe ninguna duda es de que Naki paticipó en las investigaciones previas al trasplante realizadas en el laboratorio por Christiaan Barnard, pero así contada la noticia pierde efectismo. Hoy, 50 años después del primer trasplante, pocos de los protagonistas quedan vivos para contar lo que en realidad sucedió…

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