Ignác Semmelweis: la batalla contra el “siempre se ha hecho así”

Hace tiempo, alguien me propuso incluir entre mis gigantes a Ignác Semmelweis. Ayer leí que la UNESCO ha decidido dedicar el año 2015 a la memoria de este médico, que debería tener un monumento en todos los antequirófanos del mundo. Hagámosle hueco entre los gigantes de Curar a veces.

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Ignác Fülöp Semmelweis nació en Buda (la mitad derecha del actual Budapest) el 1 de julio de 1818. Hijo de un modesto comerciante, inició la carrera de Derecho en las universidades de Pest y Viena. Por suerte para la Medicina, tuvo la oportunidad de presenciar una autopsia, lo que cambió para siempre sus intereses: en 1844, obtendrá en Viena su título de médico.

Desde sus primeros años de ejercicio, Semmelweis se obsesiona con la mortalidad quirúrgica. Pero su mayor preocupación no es tanto la enfermedad, sino la indiferencia de los cirujanos, que siguen operando sin pararse a pensar el motivo por el que fallecen tantos de sus pacientes. No debemos olvidar que estamos en la época premicrobiana, y que por aquella época Luis Pasteur no era más que un estudiante que se formaba como profesor, mientras luchaba con sus malas calificaciones en química.

Semmelweis quiso ser internista, pero al ver rechazada su solicitud, opta por la Obstetricia. En 1846, Semmelweis obtiene el doctorado en Obstetricia y es nombrado asistente del profesor Klein en la Maternidad del Hospicio General de Viena. Allí se topará con el mismo problema: la tasa de infección obstétrica es desmesurada, llegando a superar el 40% en algunos momentos. La enfermedad que deja huérfanos a un altísimo número de recién nacidos se caracteriza por fiebre, dolor, y secreciones fétidas.

Obviamente Semmelweis no sabe microbiología, pero desarrolla un ingenioso método de estudio epidemiológico: en la maternidad de Viena hay dos salas de partos, dirigidas respectivamente por los profesores Klein y Bracht. La sala de Klein es la más frecuentada por los estudiantes de medicina, mientras que son las matronas las que se encargan de la sala de Bracht. Y, por algún motivo, la mortalidad es mucho menor en esta última. Semmelweis da un paso más en sus observaciones: cuando los estudiantes visitan la sala de Bracht, la mortalidad en ésta también aumenta. Aún más, la mortalidad de las mujeres que dan a luz en su domicilio es también menor.

De hecho, aunque las mujeres ingresaban en una u otra sala según un sistema alternante, Semmelweis recuerda cómo las mujeres suplicaban ir a la del doctor Bracht, conocedoras de la diferente mortalidad. Incluso algunas preferían dar a luz en la calle y acudir después a la clínica para que atendieran a su recién nacido. Es algo que aquel joven ayudante no puede soportar.

Semmelweis se rompe la cabeza. ¿Qué especie de efecto protector tienen los partos extrahospitalarios? ¿Qué ocurre con los estudiantes, que aumentan la mortalidad allá donde van? La teoría de Klein, según la cual el problema es la brusquedad de los alumnos en las exploraciones, o incluso el que estos sean extranjeros, no le convence. Tampoco otras explicaciones más peregrinas, como que la muerte se deba a la ansiedad de las mujeres cuando la campanilla que anuncia al sacerdote que trae el Viático a las moribundas. Semmelweis está convencido de que tiene que haber otra explicación. Y se le ocurre una brillante hipótesis: los estudiantes vienen de la sala de autopsias, por lo que quizá sea algo de los cadáveres lo que transportan en sus manos y produce la infección. Para probar su teoría, instala un lavabo en la puerta de la sala de partos. Esto es demasiado para el orgullo de Klein, que despide fulminantemente a su ayudante.

Mientras Semmelweis espera un nuevo destino, conoce la muerte de uno de los profesores de anatomía: un corte durante una disección le había hecho desarrollar los mismos síntomas que tantas veces había observado en las parturientas. Desde entonces, la teoría se convierte en certeza… y en una obsesión.

Readmitido en la sala de partos del profesor Bracht, Semmelweis obliga a todos los estudiantes a lavarse las manos con cloruro cálcico antes de explorar a las parturientas, y la mortalidad disminuye del 27 al 12%. Más tarde caerá en la cuenta de que no son solo los estudiantes los que transmiten lo que quiera que sea que causa la enfermedad, y obligará a lavarse las manos a todos los que vayan a explorar a las embarazadas, hayan pasado o no por la sala de disección. La mortalidad cae entonces por debajo del 1%.

Semmelweis comunica su descubrimiento en un brillante trabajo, lleno de tablas en las que cruza datos de infección, lavado de manos, defunciones y partos. Pero se topa con el rechazo de los más brillantes cirujanos de la época, que no quieren admitir algo tan simple. Le echan en cara que no sigue ningún método científico, que sus estudios no son reproducibles y que se ha inventado los datos del trabajo. El propio Klein, herido en su orgullo, consigue que vuelva a ser expulsado de la maternidad.

de la etiología, el concepto y la profilaxis de la fiebre puerperal 1860

Semmenweis publicó un solo trabajo, en 1861: De la etiología, concepto y profilaxis de las fiebres puerperales

Expulsado de la Maternidad de Viena, y tras unos años trabajando en la de Pest, en la que hace prácticamente desaparecer la sepsis puerperal, Semmelweis escribe una dura carta a todos los profesores de obstetricia, y comienza una campaña para advertir a las mujeres embarazadas del riesgo de acudir a la maternidad. En su afán por hacerse escuchar, llegó a colgar pasquines en las paredes, desaconsejando a las parturientas acudir al médico.

300px-Ignaz_Semmelweis_1862_Open_letter

En su carta abierta a los profesores de obstetricia, Semmenweis llega a tildarles de asesinos. Obviamente, no suscitó simpatías.

El rechazo de los grandes cirujanos y obstetras de la época, y la impotencia ante la mortandad puerperal que no puede controlar le pasan factura: a partir de 1860, empieza a sufrir episodios depresivos, alteraciones conductuales y alucinaciones, por lo que es ingresado en un psiquiátrico.

La leyenda según la cual, aprovechando el alta, entra en la facultad de Medicina de Budapest y, tras abrir un cadáver, se provoca una herida con el mismo bisturí, parece ser falsa. En realidad, parece más probable que Semmelweis muriera recluido en aquel psiquiátrico poco higiénico, y las únicas heridas que se observaban en el cadáver eran las producidas por las contenciones mecánicas que emplearon con él. Solo contaba 47 años.

Aunque no dejó ningún epónimo en el campo médico, se conoce como “efecto Semmelweis” a la tendencia a rechazar las nuevas evidencias porque contradicen el “siempre se ha hecho así”. Y es que tal vez sea el primer precursor de la Medicina Basada en la Evidencia.

Una vez conocidos los trabajos de Pasteur y Líster, la historia le devolvió a Semmelweis lo que sus contemporáneos le negaron: el honor de ser contado entre los gigantes de la Medicina, y el título de “salvador de las madres”.

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Semmelweis, el salvador de las madres. Monumento en el Hospital de Budapest.

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13 respuestas a Ignác Semmelweis: la batalla contra el “siempre se ha hecho así”

  1. Mar Coloma dijo:

    Estupendo artículo. Aún seguimos insistiendo en el lavado de manos.

  2. Maria Llado Torres dijo:

    Muy bueno y acertado este artículo.
    La pena es que esa frase.: siempre se ha hecho así…sigue vigente.
    Pero a pesar de eso es gracias a esos incansables precursores que, en todos los campos, se vá avanzando.

  3. Fantástico como siempre, pero… mitad derecha? será dependiendo de como te coloque, no? jajaja… entiendo que al oeste del Danubio ;))) #modoIroniaOn

    • anadeph dijo:

      A veeeeer, es el lado derecho porque está en la margen derecha del Danubio… 😉

      • Javier Olivera dijo:

        Gran ‘post’ este. Es un tema repetitivo en muchos ámbitos, qué bueno es que alguien se replantee el porqué siempre se ha hecho así, conviene recordar el experimento (se encuentra fácilmente en internet) sobre las costumbres adquiridas por un grupo de monos, hay humanos que recuerdan en demasía a los monos. Y, de paso, una muy buena lección de geografía también!

  4. javier uceda dijo:

    Espectacular ,emocionado y emocionante post.
    Como siempre,gracias Doc.

  5. Josep dijo:

    Seguimos con el “porque siempre se ha hecho así” escondiendo la ignorancia de la fisiopstologia…
    Pero el “hagamoslo al reves, por si acaso” son ninguna base fisiopatológica, puede ser todavi por…

  6. Muy buen artículo. Me ha recordado una serie documental sobre la historia de la medicina que vi de joven y que, lamentablemente, no he conseguido encontrar para mi hijo. Estas historias deberían contarse en los colegios para enseñar la importancia de una mente abierta y de hacerse preguntas.

  7. Noelia dijo:

    Hay una película sobre su vida, dónde toda esta lucha se refleja de manera espectacular. Desconocía la decisión brillante de UNESCO, Semmelweis , lo merece.

  8. Ricardo dijo:

    La higiene, una es más nos quita o nos da salud 😉

  9. libreoyente dijo:

    Excelente artículo. Escribes muy bien, anadph, estilo fluido, ágil, ingenioso y muy correcto. Y los contenidos, fantásticos. Siempre nos enseñan y nos hacen reflexionar. Qué daño hace el orgullo a la humanidad. Y ya que protagonistas como estos tuvieron que pasar por el sufrimiento de la marginación y hasta la burla, hasta llevarles a la enfermedad y la muerte, que al menos su recuerdo sea rehabilitado y sus enseñanzas sirvan a los demás, que es lo que había dado sentido a sus vidas.

  10. Antonio dijo:

    Estimada Ana, me agrada mucho tu blog, aunque no tengo relación con la profesión médica… salvo como paciente, y con más frecuencia que la deseada.

    Te propongo un “fichaje” nuevo para tu blog, el médico canadiense Norman Bethune, un innovador e inventor, que salvó las vidas de muchos soldados y no vaciló en venir a echar una mano durante la guerra civil española. Yo le tengo gran admiración, y como dicen que “el saber no ocupa lugar” (aunque yo no me lo creo), te adjunto un enlace por si te apetece saber algo sobre él.

    Gracias por tu excelente blog y ¡adelante!, te leemos.

    Antonio.

  11. Antonio dijo:

    Algo falló con el enlace. Veamos ahora:

    http://es.m.wikipedia.org/wiki/Norman_Bethune

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