Expertos

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Probablemente, haber estado de vacaciones con poca cobertura wifi me ha ahorrado leer muchas bobadas sobre el virus del Ébola. Esa suerte que he tenido. Y no, no voy a hablar de virus, repatriaciones ni aislamientos. Voy a hablar de expertos.

Hasta hace unos días, yo sabía muy poco del Ébola: fiebre hemorrágica y alta mortalidad. Y hasta ahí podía leer. De hecho, cuando leí el protocolo del ministerio de sanidad en el que se recomienda ingresar a los pacientes en habitaciones de presión negativa, asumí erróneamente que era un virus de transmisión aérea. Para subsanar este déficit, dediqué mis primeros ratos libres en las guardias postvacacionales a leer el Mandell, el protocolo del CDC y el de mi propio hospital. Me ha supuesto unas cuantas horas de estudio. Y aún así, sigo sin ser ninguna experta.

Por eso me sorprende que, desde el primer momento, los medios se llenaran de “opiniones de expertos”, de los cuales muchos eran hace poco también especialistas en crisis económica o en el conflicto árabe-judío. Lo siento, pero desconfío sistemáticamente de los “multiexpertos”. Y, sin embargo, todos opinaron sobre el tipo de aislamiento, los trajes NBQ y la necesidad de administrar el “suero” famoso… A través de twitter me llegó la cita más sorprendente de todas: “desde mi conocimiento del ébola, que es nada, yo creo…” empezaba un tertuliano. Dan ganas de decir que si tu conocimiento es nada estás mejor calladito. Con cariño.

Ya dice el refrán que “de médico, poeta y loco todos tenemos un poco”. Quizá en España habría que decir que “de médico, tertuliano y loco…”.

Por eso ya ni sorprende que los responsables políticos de la respuesta a la epidemia se dejen llevar por el “espíritu tertuliano” tomando decisiones basadas “en su conocimiento del ébola, que es nada”. Vamos, que la respuesta al problema la podríamos clasificar en tres tipos:

- Tertulianos y otros “expertos” que, como mucho, han contribuido a que cunda el pánico y se genere una enorme confusión.

- Los que deberían ser expertos, o al menos asesorarse adecuadamente. Esos que recomiendan habitaciones de presión negativa para luego cerrar el único hospital que dispone de ellas en Madrid; los que crean protocolos para luego desmantelar el único hospital que los ensaya y actualiza; los que deberían ayudar a mantener la calma para luego convertir un caso en un circo mediático, etcétera. Vamos, que también han contribuido a que cunda el pánico y se genere una enorme confusión.

- Y en tercer lugar, los profesionales del Carlos III que, sin medios y sin apoyo de los gestores, han hecho lo que saben: tratar, lo mejor posible, a sus pacientes, por muy “contagioso” y peligroso que fuera el asunto. Sin protagonismos y sin dar la nota. Con su dedicación y su profesionalidad fuera de dudas.

Igual es que -en éste y en otros muchos temas sanitarios- hay que cambiar de expertos. Igual es que los asesores que se mudan de uno a otro ministerio cuando cambia el ministro no son los mejores cuando la cosa va en serio. Igual hay que escuchar alguna vez a los verdaderos expertos, a los que han estudiado el tema hasta ser auténticos especialistas a la vez que tocan la realidad cada día. Igual hay que profesionalizar la gestión, asesorarse con los profesionales y hacer caso a los que más saben. Igual.

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Divide… y venceráN

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Hoy voy a incumplir dos propósitos: el primero, que no iba a escribir en el blog hasta la vuelta de vacaciones. El segundo, que siempre intento escribir en el blog con tono positivo. El motivo es que ayer presencié una conversación en twitter que empezaba con un tuit más o menos así: hay dos clases de médicos: los fijos que pasan de todo y los eventuales que no se atreven a nada

Para algunos, mi trayectoria vital parece resumirse así: yo era buena médico hasta hace dos años, me empeñaba en formarme y en cumplir con mi obligación. Si levantaba la voz ante alguna injusticia era una especie de héroe que me jugaba el tipo. Pero desde hace dos años tengo plaza fija, por lo que ya no me esfuerzo en mi trabajo porque no me pueden echar, llego tarde, me voy antes, paso de actualizarme y de estudiar. Y además me resbala lo que pase con la sanidad o con mis compañeros eventuales.

No os voy a contar mi curriculum. Solo sé que obtuve mi plaza en una oposición en la que no me conocía nadie del tribunal, que en la parte de concurso compensé mis pocos años de experiencia alcanzando la máxima puntuación en los apartados de docencia, publicaciones y formación continuada. Y que mi curriculum de los dos últimos años no tiene nada que envidiar al de mis tiempos de eventual o interina. 

Vale que he tenido suerte en la vida: durante la residencia mis adjuntos confiaron en mí y me invitaron a participar en muchos proyectos. Después siempre he encontrado gente que me apoyara, un director de tesis que me persiguió para que no la dejara a medias, una jefa que me deja embarcarme en todas las locuras que se me ocurren…

Por eso me molesta esa actitud de algunos, que sugieren que el común de los mortales nos movemos solo por asegurar un puesto de trabajo. Una vez asegurado, somos un desastre. No existe la ilusión ni la responsabilidad profesional. No solo eso, sino que somos la causa de la situación de los eventuales. 

Tampoco os voy a contar lo que muchos fijos hemos hecho por los eventuales de nuestros hospitales. Como muestra un botón: durante un tiempo, los correos del grupo de eventuales de mi hospital se enviaban desde mi cuenta personal, para no señalar a ninguno de ellos. Cuando quisimos hacer un registro de la situación de cada uno, me tocó perseguirles porque nadie mandaba sus datos (que se iban a usar anónimamente), a la mayoría de las reuniones ni venían… En fin, que cuando uno se pone a tirar del carro, se da cuenta de que en todas partes hay apenas un 10% de gente que responde. El resto se sube al carro cuando lo has conseguido poner a andar, o ni eso.

Y conste que los fijos que nos señalamos en ese momento también nos jugábamos bastante. Recuerdo alguna conversación con gente muy señalada de AFEM, bromeando con que en el concurso de traslados nos iban a mandar a la peor plaza de Madrid. Pero no era una broma.

No sé si os dais cuenta de que lo poco o mucho que hemos conseguido ha sido cuando nos hemos unido. No sé si veis que cuando planteáis la sanidad en clave de lucha de clases (sea medicina vs enfermería o fijos vs eventuales) actuáis como un pequeño caballo de Troya en el sistema, aunque sea bienintencionado.

Solo un 10% de la gente responderá. Solo un 10% de los fijos, interinos, eventuales, laborales, enfermeros, médicos, personal no sanitario… pasará de la queja resentida a la acción. Por eso no podemos perder a ninguno. Acusarnos entre nosotros le hace el juego a los que pretenden destruir la sanidad. En todas partes hay gente que trabaja bien y gente que no tanto, gente que se forma y gente que se acomoda. Las clasificaciones son injustas y dividen. Y nos hacen daño a todos. Y a algunos nos hacen perder las ganas de trabajar en beneficio del resto, de los que muchos no se mueven.

Sinceramente, yo estoy un poco cansada de tirar del carro. Pero estoy dispuesta a unirme a cualquiera que pretenda empezar a mover su propio carro. Nos quejamos, o nos movemos?

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Cuando Google enloquece (y curaraveces cumple un año).

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Mi blog y yo nos vamos de vacaciones unos días. Pero no sin antes celebrar dos cosas: la primera, que esta es la entrada número 100. La segunda, que el lunes el blog cumple un año. Mi blogoblasto es ya un blogocito, con cientos de miles de visitas desde un montón de países distintos. Sorprendentemente, con más de 200 seguidores. Aún no sé por qué estáis ahí, pero gracias.

El caso es que lo celebro con esta entrada (tan poco seria) que tenía ganas de escribir hace tiempo. WordPress te informa periódicamente de las búsquedas a través de las cuales la gente ha llegado al blog, a pesar de que no incluye las cuatro mil y pico que se han hecho desde Google (política de protección de datos). Lógicamente, ganan las búsquedas sobre curar, aliviar y consolar en todas sus formas. También llega mucha gente buscando la playa de Santa Mónica (deben alucinar, porque el blog les enlaza a la entrada del catéter de Swan-Ganz, me imagino). Y lo más divertido, los que buscan información sobre homeopatía y compuestos homeopáticos. Supongo que estos últimos no encuentran exactamente lo que buscaban.

El resto de búsquedas son a veces increíbles: me pregunto qué tipo de algoritmo tienen los buscadores para hacer asociaciones tan curiosas. Veamos algún ejemplo. Podríamos nominarlas como “las 15 búsquedas más sorprendentes del año”:

 

1.- “Pregunta de medicina-cuerpo humano-fisiología del juanete”.

Puedo prometer y prometo que no he hablado nunca de juanetes en el blog. Es más, sé bastante poco sobre juanetes. Y menos aún de la fisiología de los mismos. 

2.- “Palabras bonitas para lápida”.

Oye, Google, no te pases, que lo de Curar a veces no significa que vaya por ahí sugiriendo epitafios… 

3.- “Todos llevamos nuestra infancia muerta a la espalda”.

Uf, entre esta búsqueda y la anterior, me está empezando a dar mal rollo…

4.- “Soñar echando un sanitario a un hueco”. 

Probablemente la búsqueda más incomprensible de todas. No queda claro si soñaban con cambiar el mobiliario del baño y deshacerse del bidé de este modo tan extraño, o querían librarse de algún médico indeseable…

5.- “A veces si debo algo malo, median como sedaciones de negatividad, puede ser algo paranormal”.

Sin palabras. Paranormal del todo.

6.- “Tú tienes la importancia de un paciente en ambulancia”. 

Pues eso. Que ya no es solo que los buscadores te traigan a mi blog. Es que las cosas que la gente busca en Google dan para un estudio sociológico… 

7.- “Urgencias tonterías”.

¡Eh, Google, de qué vas! Que a veces digo alguna tontería, pero no es para ponerse así.

8.- “Siga el camino del anestésico como el éter hasta las células del cerebro”.

¿Mande?

9.- “Qué tipo de arte usaba Frederick Basile”. 

Yo nunca he hablado de arte (en el blog, quiero decir), y mucho menos de Frederick Basile. Pero me he tomado la molestia de buscarlo en Google y solo me aparece como director de orquesta. No sé yo…

10.- “Cuáles son las teorías sobre la muerte del doctor Ruben Bild”.

Lo desconozco. Lo siento. Y estas no las voy a buscar en Google (por si acaso).

11.- “Mi caballo se ahoga, qué medicina le pongo”.

Mmmm, ¿¿¿cómo has llegado tú hasta aquí???

12.- “Si te llama un familiar al móvil llorando cómo se le puede calmar”. 

Puede ser que en mi blog se hable de familiares e incluso de llorar. Vale. Pero, ¿de verdad que alguien busca cosas así en Google?

13.- “Objetos que nos permiten ahorrar agua”.

… por 25 pesetas cada uno. (Pues hombre, siguiendo la temática de mi blog, la desmopresina. Pero no creo que te refieras a eso…)

14.- “Solo busco a una persona que comparta mi gusto por los caballos”.

Pero qué manía con los caballos…

 

… y 15. Claro, que luego llega Google, que no es tonto, y me hace un poco la pelota con las búsquedas. Porque alguien ha buscado “Mejor hospital para hacer UCI” y el buscador le trae directamente a mi blog. Tú sí que sabes, Google.

 

Perdonad la tontería de entrada, creo que el calor me ha reblandecido las neuronas. Y gracias por haber estado ahí este año. No sé vosotros, pero yo me lo he pasado pipa navegando por la blogosfera. Espero seguir unos cuantos añitos más dando la lata por aquí. 

Feliz verano y tomaos un trozo de tarta a mi salud.

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Henry Heimlich: ¿genialidad o fraude?

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Henry Heimlich nació en Wilmington (Estados Unidos) el 3 de febrero de 1920. Se graduó y doctoró en la Universidad de Cornell en 1941 y 1943 respectivamente.

Ya en sus primeros años de ejercicio durante la Segunda Guerra Mundial dio señales de su afán innovador: ideó un tratamiento para el tracoma mezclando sulfadiazina sobre una base de espuma de afeitar. No parece un colirio demasiado delicado, pero la idea es ingeniosa.

Heimlich ha pasado a la historia sobre todo por la maniobra para desobstruir la vía aérea en los atragantamientos. La publicó por primera vez en junio de 1974, en un artículo de opinión en la revista Emergency Medicine. Apenas una semana después se publicaba en un periódico de Seattle el primer caso en el que se empleó eficazmente esta maniobra. Sorprendentemente, el que lo realizó fue un camarero jubilado, cuya afición por leer Emergency Medicine resulta cuando menos curiosa.

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Heimlich había probado su maniobra en perros anestesiados, a los que obstruía el extremo del tubo orotraqueal. La presión subdiafragmática ejercida hacía salir volando el tubo.

En 1986, las guías de la AHA dejan de recomendar los golpes en la espalda como tratamiento del atragantamiento, sustituyéndolo por la maniobra de Heimlich. En 2005, sin embargo, vuelven al algoritmo pre-1985, recomendando en pacientes consicentes cinco golpes en la espalda y, solo si eso falla, cinco compresiones abdominales (las guías no las llaman en ningún momento de “maniobra de Heimlich”. La maniobra de Heimlich para paciente inconsciente es, además, eliminada de las guías, sutituyéndola por compresiones torácicas similares a las de la RCP. Este último cambio de las guías no está reflejado en la página web personal de Heimlich.

La maniobra de Heimlich no estuvo exenta de otro tipo de polémicas: en los años 90 se realizaron ensayos en parques acuáticvos para comprobar la efectividad de la maniobra en ahogados. Se levantaron voces críticas, puesto que eran ensayos en pacientes que no habían dado sus coinsentimiento, en una situación de vida o muerte. De hecho, la maniobra nunca se incluyó en los protocolos de tratamiento de ahogados por el riesgo de provocar la broncoaspiración masiva del contenido gástrico.

También inventó (y dio nombre) a la válvula de drenaje torácico que aún hoy se emplea en las heridas penetrantes de tórax. Según sus propias palabras, las muertes por heridas de bala que presenció durante la Segunda Guerra Mundial le hicieron buscar una solución que impidiera la compresión pulmonar en los hemo-neumotórax traumáticos.

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A partir de los años 80, Heimlich cambia radicalmente el rumbo. Sugiere que el VIH, el cáncer y otros trastornos como la enfermedad de Lyme podrían curarse infectando al paciente con el parásito que produce la malaria. La malaroterapia se basaba en que las altísimas fiebres producidas por la enfermedad eliminarían los virus o las células cancerosas. No solo fue una idea singular, sino que puso en marcha algunos ensayos clínicos en Etiopía. Aunque defendió siempre que en los siete primeros casos funcionó, nunca dio los detalles. De hecho, en estudios posteriores de otros autores se vio que la coinfección por malaria puede aumentar la carga viral del VIH.

Tras estos estudios Heimlich perdió apoyo institucional y fue acusado de prácticas poco éticas por la comunidad científica.

Pero las críticas a Heimlich llegan desde más cerca: su propio hijo le acusa de fraude. Según Peter Heimlich, la maniobra para el atragantamiento la inventó otro médico, Edward A. Patrick. El propio Patrick reclamó para sí la invención de la maniobra en 2003. No solo eso, el joven Heimlich denunció que otro de los inventos de su padre, una técnica quirúrgica para reemplazar el esófago mediante parte del estómago, la diseñó en realidad el médico rumano Dan Gavriliu. Heimlich padre reconoce en su página web que trabajaron juntos, pero se adjudica la autoría de la técnica. Los intereses de unos y otros se mezclan, y probablemente nunca sabremos quién fue en realidad Henry Heimlich y cuáles fueron sus aportaciones a la ciencia.

Este año Heimlich, ya anciano, ha publicado sus memorias: Heimlich´s Maneuver: my seventy years of lifesaving innovation.

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Henri Hartmann: el cirujano al que admiran los intensivistas

La dehiscencia anastomótica, la peritonitis secundaria y las suturas en ambiente séptico son algunos de los enemigos más temidos en la UCI. No es extraño, por tanto, que Hartmann sea nuestro cirujano preferido. Una vez más, la historia de una idea sencilla que ha salvado miles de vidas.

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Henri Albert Hartmann nació en París el 16 de junio de 1860. Su nombre completo era Henri Albert Charles Antoine Hartmann, pero él prefería llamarse a sí mismo “H.H.”. Terminó los estudios de Medicina en 1881 en la Universidad de París y empezó su especialización en el Hospital Bichat, de la mano de Felix Terrier, considerado uno de los mejores cirujanos franceses, y el primero en realizar histerectomías en Francia. Terrier era, además, un ferviente admirador de Pasteur: fue uno de los primeros en esterilizar el material quirúrgico y se mostraba especialmente estricto con la limpieza de su quirófano.

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Terminada su formación quirúrgica, Hartmann trabajó por poco tiempo en el campo de la urología en el Hospital Lariboisière, y allí redactó su tesis sobre el tratamiento de la cistitis, con la que ganaría el premio d´Argenteuil. Pero no quería centrarse en un determinado campo de la cirugía por lo que, tras ocupar varios puestos en distintos hospitales de París, acabará volviendo a trabajar con Terrier en el Hospital Bichat.

Según sus propias palabras, Hartmann adoptó de Terrier los preceptos de su vida profesional: amor al trabajo, integridad, respeto por el paciente y vida sencilla. También aprendió de él a ser especialmente meticuloso. Hasta tal punto, que redactó y conservó informes rigurosos de más de 30.000 casos atendidos personalmente. Igual de estricto era con todos los aspectos de la técnica quirúrgica, especialmente con la hemostasia y las suturas. Hizo suya la cita del cirujano polaco Johannes von Mikulicz: “puedo reconocer a un gran cirujano, no por cómo corta, sino por cómo cose”.

Entre sus múltiples publicaciones, destaca su Travaux de Chirurgie Anatomo-Clinique, una obra en nueve volúmenes sobre los diversos campos de la cirugía, que fue publicando a lo largo de toda su vida. En él se recogen artículos, casos, técnicas quirúrgicas, resultados de laboratorio, descripciones anatomopatológicas…

Hartmann había llegado en el preciso momento en el que la cirugía, vencidos ya sus tres enemigos principales –la infección, la hemorragia y el dolor-, se abría paso sin que ningún órgano se le resistiese. Suyas son las primeras descripciones detalladas de la técnica de la histerectomía, el tratamiento quirúrgico de la salpingitis, el drenaje linfático del cáncer gástrico, la anatomía del tronco celiaco, la estenosis pilórica hipertrófica del adulto, la tuberculosis de ciego y el pseudomixoma apendicular. Además, realizó la primera diverticulectomía esofágica en Francia. Dio nombre también a la bolsa de Hartmann, infundíbulo situado en la parte distal del cuello de la vesícula, de gran importancia en la cirugía biliar.

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Desde 1892 ocupó diversos puestos docentes, y formó a varias generaciones de cirujanos. En 1914 fue nombrado Jefe de Cirugía en el hospital más famoso (y antiguo) de París, l´Hôtel-Dieu. Era un profesor estricto, que operaba en absoluto silencio, y solo después ofrecía una descripción detallada delo que había hecho. A pesar de ello, tanto su quirófano como sus sesiones clínicas estaban siempre llenos de estudiantes, médicos en formación e incluso cirujanos experimentados.

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Pero Hartmann pasará a la historia gracias a la intervención que lleva su nombre. En 1912 presenta los dos primeros casos en el trigésimo Congreso de la Sociedad de Cirugía Francesa. Se trataba de dos pacientes con tumores obstructivos de colon. Una vez ampliada la serie hasta 34 casos, la sigmoidectomía con cierre del muñón rectal y colostomía proximal había reducido al 8% la mortalidad de estos casos, que alcanzaba casi el 40% cuando se empleaba la amputación abdominoperineal de Miles. Hartmann describió sus dos primeros casos como “tan sencillos como la intervención de un apéndice frío”.

qxTécnica de Hartmann. Imagen: http://www.surgwiki.com

Aunque la técnica se desarrolló inicialmente para el tratamiento oncológico, pronto se extendió a otras entidades, especialmente la diverticulitis y las intervenciones urgentes, en las que una sutura en ambiente séptico está destinada al fracaso. Curiosamente, Hartmann nunca se planteó reconstruir después el tránsito intestinal (algo habitual hoy en día), puesto que le parecía un riesgo demasiado elevado.

 Desde su jubilación en 1930, Hartmann siguió recibiendo regularmente estudiantes que acudían a su casa para charlar con él y disfrutar de la cocina de su mujer, que los cuidaba como a los hijos que nunca tuvo. Con ellos pasó el 1 de enero de 1952, el primero tras la muerte de su esposa. Ese mismo día, poco después de quedarse solo en casa, resbaló y cayó por las escaleras. Murió al día siguiente, a los 91 años de edad, dejándonos el legado no solo de su técnica quirúrgica, sino también del amor al trabajo, la integridad, el rigor profesional y el respeto al paciente que aprendiera de su maestro.

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Yo solo veo niños

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Esta semana he tenido la tentación de no entrar en twitter. Mi TL se ha llenado de discusiones de unos y otros defendiendo a los palestinos o a los israelíes. Yo nunca entendí del todo el conflicto judío-palestino. Lo poco que he leído me hace pensar que es irresoluble. Pero no es de eso de lo que quiero hablar.

Veo con horror como algunos justifican a los terroristas y otros defienden los métodos de Israel. Dicen que Gaza no tiene más remedio o que Israel se defiende. Justifican los desmanes de uno basándose en las barbaridades de los otros. Yo intento mirar desde fuera y me puede el horror. El horror por lo que está pasando. El horror por la insensibilidad de Occidente. Y el horror por lo que se dice y se defiende desde la cómoda distancia del sillón de nuestras casas. Desde uno y otro lado.

Yo leo las noticias, y solo veo niños. Niños palestinos educados para convertirse en terroristas suicidas. Niños israelíes secuestrados y asesinados. Niños palestinos que han crecido en un campo de refugiados, sobreviviendo apenas con la ayuda de Naciones Unidas. Niños israelíes educados en el odio racial y religioso. Niños palestinos asesinados mientras intentan evadirse del horror jugando en la playa. Niños israelíes que miran al cielo buscando cohetes de Gaza. Niños palestinos que miran al cielo temiendo las bombas israelíes. Niños sin familia, niños malheridos, niños evacuados de hospitales bombardeados, niños sin agua potable, niños cuyos padres están en el frente, niños obligados a crecer demasiado pronto, niños utilizados como escudos humanos, niños sin infancia. Niños que pierden la vida apenas estrenada.

Y pasas las páginas del periódico y ves más niños. Niñas secuestradas, niñas obligadas a casarse en plena infancia, niños maltratados por los que debían protegerles.

Pienso en mis sobrinos y me muero de vergüenza ante este mundo insensible. Dicen que cada niño que nace es una muestra de que Dios no ha perdido del todo la esperanza en el hombre. Pero es como para perderla. Dicen que la altura moral de una sociedad se manifiesta en cómo cuida a sus niños y a sus ancianos. Y no entiendo que se puedan seguir defendiendo los métodos terroristas de unos y otros.

Yo abro el periódico y solo veo familias destrozadas, madres desoladas y niños asustados. Civiles envueltos en una guerra que nada tiene que ver con ellos. Indefendible desde cualquier punto de vista. Vergonzoso para toda la comunidad internacional que asiste impasible. A ver si alguien reacciona. A ver si los que opinamos desde el sofá también reaccionamos. Por los niños, por nuestros niños. #PauseForPEACE.

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De autovías y sanidad: novatadas y política madrileña.

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La verdad es que yo volvía de vacaciones en fase zen, sin ánimo de discutir por nada ni con nadie. Pero el Gobierno de la Comunidad de Madrid, siempre preocupado por mantener mi inspiración, me ha vuelto a dar motivos para escribir sobre sanidad pública. Hay que reconocer que les debo un montón de entradas de este blog. 

El caso es que, el sábado, El País publicó una noticia (ésta) sobre la autovía M-45, que me dejó con la boca abierta. El paralelismo con los nuevos hospitales de Madrid era tal que por un momento no sabías si hablaban de carreteras o sanidad. Las excusas que esboza la Comunidad hacen más inaceptable, si cabe, el intento de privatización que hemos sufrido. Leamos la noticia despacio…

- ” Este sistema, por el que una o varias empresas construyen y gestionan una carretera sin que lo haga directamente el Ejecutivo a cambio de un canon anual en función de los vehículos que circulen”. Exactamente lo mismo que se hizo con las concesionarias que construyeron los hospitales y muy similar a lo que se pretendía con las que gestionarían la atención sanitaria si no lo hubiera paralizado la justicia (en su caso, por población de referencia, no por población atendida).

- “Impulsó que se construyeran unas infraestructuras para las que no se disponía de liquidez, llegando a acuerdos con grandes empresas como ACS, OHL, Sacyr o FCC (…) apostando por una política en la que solo importaba el presente, obviando que la factura a medio y largo plazo saldría mucho más cara.(…). Construir la autovía costó 487 millones de euros, el Ejecutivo madrileño ha destinado 620 millones desde 2007″. El modelo (¡y hasta las empresas concesionarias!) es el mismo. El contrato era para 25 años (el de los hospitales para 30) “sin que vaya a amainar ni haya manera de revisar la relación”Lo de que la factura a largo plazo saldría más cara también lo avisó AFEM ante el intento reciente de privatización. E incluso la propia Consejería lo reflejó en el presupuesto de 2014. Pero ni hicieron caso, ni fueron capaces de rebatir nuestras cuentas. De hecho, nunca supieron dar una cifra de ahorro real, porque oímos seis o siete distintas…

- “La Comunidad remite a los compromisos adoptados por el anterior Gobierno regional y a la actualización del IPC”. “La revisión al alza del IPC no es ninguna novedad”. “En tan solo un año la Comunidad se ha visto obligada a pagar casi cinco millones más a las concesionarias, solo por el IPC, sin que ello conlleve una mejora del servicio”. Es decir, los que afrontamos ese gasto extra somos nosotros, sufridos ciudadanos que pagamos los impuestos. Lo de la revisión según el IPC fue tema recurrente de la Marea Blanca, ya que estaba recogido en los pliegos de privatización: pasase lo que pasase con el presupuesto global de sanidad, habría que aumentar el canon por IPC. Si el presupuesto global se reducía, eso supondría descapitalizar los hospitales de gestión directa para pagar más a los otros. Incluso aunque estos últimos tuvieran una actividad mucho menor o realizaran solo procedimientos menores y baratitos…

Así que esta es la situación de la M-45, la de las concesionarias que construyeron los hospitales y la que podría haberse dado si se privatizan los hospitales. Menudo panorama. Por cierto, es también la situación de los hospitales Infanta Elena, Rey Juan Carlos y Torrejón (y me temo que también en la Fundación Jiménez Díaz, aunque no he visto sus pliegos). Y no es revisable en ninguno de los casos (o lo es a costa de un desembolso inaceptable por aquello del lucro cesante).

 

Pero vamos con las excusas de la Comunidad, que son lo más divertido (o triste, no sé) del asunto:

- “La M-45 se inauguró en 2002, fue la primera gran concesión que se hizo en España. No había precedentes… y estamos pagando la novatada“. Prescindamos por un momento de que la Comunidad de Madrid tiene asesores y técnicos suficientes para haber estudiado el asunto por adelantado y no pagar ninguna novatada (que ya es sangrante, porque se supone que ese es su trabajo, ¿no?). Centrémonos mejor en la cronología de las concesiones sanitarias:

A.- En 2007, cuando se empezo la construcción de los hospitales, ya llevábamos cinco años con la M-45 inaugurada. Cinco años de actualización del canon según IPC. Cinco años de sobrecostes. Ya no éramos novatos, señores, pero caímos en el mismo error. Quizá es que había que abrir todos los hospitales antes de las elecciones… El caso es que volvimos a firmar actualizaciones por IPC, concesiones a 30 años no revisables, etcétera. Incluso con las mismas empresas. Y eso que ya debíamos haber escarmentado…

B.- En 2008-2011, cuando se adjudicó la gestión sanitaria de Valdemoro, Torrejón y Móstoles-IDC, ya llevábamos entre 6 y 9 años con la M-45 inaugurada y 1-3 con los nuevos hospitales construidos. Ya habíamos pagado muchos errores, mucha actualización de IPC, ya había voces que se lamentaban de la duración de los contratos no revisables, de lo caro que sería recuperar la gestión en caso de que el contrato no saliera bien desde el punto de vista económico o de calidad del servicio… Ya había habido suficientes problemas con las concesionarias. No éramos novatos ni mucho menos, pero volvimos a caer, no una vez, sino tres. 

C.- Y lo más sangrante, en 2013, cuando se redactaron los pliegos de privatización de hospitales, YA LLEVÁBAMOS 11 AÑOS DE M-45 y 5 DE NUEVOS HOSPITALES. Pero los pliegos se redactaron igual: concesiones larguísimas no revisables, actualización por IPC (a pesar de que estábamos en un momento crítico con presupuestos menguantes en sanidad) y todo lo demás. Ya no éramos novatos ni mucho menos. Ya habíamos pagado un montón de sobrecostes (un incremento mayor del 44% en 8 años en la M-45). La excusa que nos dieron para privatizar -el ahorro- no se sostenía por ningún lado. Y eso sin hablar de aspectos como la equidad, los cambios del modelo de aseguramiento, el difícil control de la calidad, las irregularidades que ya se habían dado en otros hospitales de gestión privada…

Sinceramente, me parece intolerable que la Comunidad dé este tipo de excusas y al mismo tiempo siga pensando en privatizar la sanidad. Me temo que nos toman por tontos. La primera vez que te equivocas puedes decir que pagas la novatada, aunque no debería ser así (se supone que alguien estudió los contratos y las experiencias de otros países, ¿no?). Pero la segunda vez ya no es una novatada, es derrochar el dinero de todos. Y es intolerable.

Pero claro, después de haber sufrido la apertura simultánea de seis hospitales, con sus problemas económicos y su caos organizativo, lees la última excusa de la Comunidad (hablando de la M-45) y no sabes si reír o llorar: Era necesaria, quizás si se hubiera hecho por tramos y no de una tacada…”

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