Jonas Salk: el hombre que no quería patentar el sol

Ayer habría cumplido 100 años. Gigante entre los gigantes, el hombre que regaló a la humanidad la vacuna de la poliomielitis merece una entrada en esta sección. ¡Feliz cumpleaños, doctor Salk!


Dr_Jonas_Edward_Salk_(cropped) Jonas Salk nació en Nueva York el 28 de octubre de 1914. Hijo de inmigrantes ruso-judíos, su infancia se desarrolló en los barrios más pobres de Nueva York. Sus padres, especialmente preocupados por ofrecer a sus hijos la educación que ellos no habían tenido, consiguieron que estudiara en la Escuela Secundaria Townsed Harris, una escuela pública que permitía estudiar a hijos de inmigrantes con pocos recursos. De altísimo nivel académico, exigía a sus alumnos realizar en tres años los estudios que en otras escuelas se hacían en cuatro.

Salk ingresó después en el City College de Nueva York, y de allí pasó a la New York University, donde estudió Medicina. En realidad, Salk nunca quiso ser médico asistencial; muy pronto se decantó por la investigación, especialmente en el campo de la microbiología. Consideraba que así no ayudaría “a unos pocos pacientes, sino a toda la humanidad”. Probablemente nunca imaginó que esta frase se haría realidad de una forma tan literal.

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El City College de Nueva York. En aquella época Salk decía que no le atraían las ciencias sino “las cosas humanas”. Quizá es que es lo mismo…

Salk se introdujo en el campo de la virología de la mano de Thomas Francis. Ambos protagonizaron el episodio más negro de la historia de Salk, al realizar estudios infectando deliberadamente con el virus de la gripe a pacientes de diversos hospitales psiquiátricos de Michigan. Más tarde, Salk volvería a coincidir con Francis durante su residencia en el Monte Sinaí.

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Thomas Francis y Jonas Salk (fuente: polioplace.org)

Concluida su especialización, Salk encontró enormes dificultades para seguir investigando, ya que no podía seguir en el Monte Sinaí, a la vez que muchas otras instituciones tenían numerus clausus para los judíos.

Tras varios trabajos menores y una época en un pequeño y poco preparado laboratorio en el Hospital Municipal de Pittsburgh, Salk recibió la oferta que le haría entrar por la puerta grande en la historia de la Medicina.

En 1948, la National Foundation for Infantile Paralysis le propuso participar en su proyecto sobre la polio, impulsado por el propio presidente Roosevelt, que había padecido esta enfermedad en la infancia. Inicialmente se trataba de conocer cuántas cepas distintas del virus existían. Aunque era un trabajo tedioso, Salk aceptó enseguida, ante la promesa de que una vez terminado el proyecto podría disponer de los medios para continuar su propia investigación.

Es en ese entorno donde Salk empieza a pensar en la posibilidad de crear una vacuna, utilizando virus muertos. La preocupación social por la epidemia era tal, que millones de americanos colaboraron en la financiación del proyecto, algunos aportando unos pocos centavos, pues era todo lo que tenían. Tras varios ensayos en animales y un estudio piloto con pocos voluntarios (entre los que se encontraban su esposa y sus tres hijos), Salk pone en marcha un gran ensayo con casi dos millones de niños.

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¿Es este el año? Se preguntaba la revista Time en el número que le dedicó en 1954

El 12 de abril de 1955, Thomas Francis, el que había sido siempre su mentor, anuncia en una multitudinaria rueda de prensa el éxito de Salk: la vacuna era segura y efectiva. Salk se hace mundialmente famoso en pocas horas. Ese mismo año empieza a comercializarse masivamente.

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La vacunación universal no se consiguió enseguida. En 1991, los sellos sudafricanos seguíann animando a los padres a vacunar a sus hijos…

En 1956, Albert Sabin diseña una vacuna de virus atenuados, de administración oral. Sesenta años más tarde, la poliomielitis es ya una enfermedad casi erradicada, endémica únicamente en tres países (Pakistán, Afganistán y Nigeria), según los últimos informes de la OMS.

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Albert Sabin: su vacuna oral, hoy la más empleada, facilitó enormemente las campañas masivas de vacunación

Aunque la National Foundation sí lo pensó en algún momento, Salk nunca quiso patentar su vacuna. Entre otras cosas, porque era consciente de que se había desarrollado gracias a la aportación económica de miles de ciudadanos anónimos. Preguntado al respecto, Salk respondía “No hay patente. ¿Se puede acaso patentar el sol?”.

Jonas Salk murió en La Jolla, California, el 23 de junio de 1955. Sus restos descansan en El Camino Memorial Park, en san Diego.

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“La esperanza descansa en los sueños, en la imaginación y en el valor de quellos que se atreven a hacer los sueños realidad”. Jonas Salk.

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Héroes cotidianos

Imagen1Los medios de comunicación se han llenado estos días de héroes. Quizá porque han luchado contra un enemigo peligroso y han vencido. Vale. Es cierto que todos hemos vivido esta batalla como algo personal, y para todos fue un alegrón la noticia del martes. Los profesionales del Carlos III (también los que no salieron en las fotos) han ganado la batalla.
Y me ha hecho pensar que, si el resultado no hubiera sido el mismo, quizá no pensáramos así. Y no sería justo. No es heroico ganar, sino arriesgarse. No es un héroe el que vence, sino el que lucha. Teresa es ahora nuestra heroína, pero ¿no lo son igual sus compañeros, que también se han puesto en riesgo aunque no se hayan contagiado? ¿No son igual de heroicos cuando tratan, con más o menos éxito, a pacientes que no salen en la prensa?

¿Y el resto del personal sanitario? Es verdad que en el Carlos III se enfrentaban a un enemigo cierto. Y hace falta mucho valor. Pero pienso en tantos enfermeros que tratan a diario pacientes con enfermedades transmisibles, a los cirujanos que operan bajo la amenaza de las enfermedades infectocontagiosas, a los anestesistas o intensivistas que hacen técnicas invasivas urgentes sin conocer los antecedentes de los enfermos. Y pienso en los que trabajan en cuidados paliativos sabiendo que nunca curarán a sus pacientes, pero que viven el auténtico sentido de la Medicina. Pienso en la gente que asume como propio el dolor y el duelo de otros. En todos los que arriesgan su comodidad, su salud o su bienestar por esta profesión que exige tanta abnegación. Pienso en los médicos de familia que, sin diagnósticos brillantes ni técnicas espectaculares, sostienen el sistema. En los que siguen adelante en medio de condiciones laborales denigrantes o recortes insostenibles. En los que no se cansan de defender un sistema que los maltrata. Pienso en los que se esfuerzan en suavizar el momento de las malas noticias, en los que no dejan de aliviar y consolar.

Y sé que si les preguntáis os dirán que no son héroes. Simplemente son buenos profesionales. En una profesión que no es sólo una ocupación, sino una forma de entender la vida. Y tenéis razón. No sois héroes. Pero sin vosotros el mundo sería un lugar peor.

Aprovecho esta entrada para dar las gracias a todo el equipo del Carlos III por cuidar a nuestros compañeros. Y a todos los que, también en la sombra, dignificais cada día la Medicina.

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Tsunami

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Eso es lo que ha pasado por mi blog esta semana: un tsunami. Y os confieso que, por momentos, ha estado a punto de llevárselo por delante. Cuando escribí mi carta a Teresa no esperaba una difusión distinta de la que habían tenido el resto de entradas. Todo esto me pilló por sorpresa.

Y ahora, de repente, tengo un montón de seguidores nuevos en el blog y en mi cuenta de twitter, y muchos de ellos ni siquiera tienen que ver con el mundo sanitario. Y ahora, ¿qué os cuento yo? Pues lo de siempre, porque ni el blog ni yo hemos cambiado.

Esto no es más que un blog personal, sin pretensiones periodísticas. Escribir es, casi siempre, una forma de aclarar mis ideas. Otras veces es una ventana desde la que compartir mis opiniones o proyectos, un lugar donde intercambiar inquietudes y reflexiones con otros profesionales sanitarios, un foro donde aprender de la visión que los pacientes tienen del mundo médico.

Es también, tantas veces, una visión crítica de la gestión sanitaria, esa gestión que a menudo se ha olvidado de poner al paciente en el centro. Pretendo dar la visión del profesional que no tiene formación específica en gestión, pero sí sentido clínico. Por eso a veces se convierte en un desahogo para mi indignación o mi desconcierto. O incluso se pone exigente, para reivindicar que la Medicina es otra cosa…

Pero, sobre todo, mi blog es un espacio de reflexión humanística y bioética, de reencuentro con la Medicina humana y humanizadora. Y me gustaría que fuera también una ventana para dar a conocer mi especialidad. Y nada más. Así ha sido siempre, y así debe seguir siendo.

No sé qué esperabais encontrar los que me seguís desde hace poco. Si es este pequeño lugar de reflexión y debate, bienvenidos. Estaré encantada de compartir con vosotros y recibir vuestros comentarios. Ojalá entre unos y otros consiguiéramos aportar lo que la Medicina y la sanidad necesitan. Pero, por mi parte, mejor fuera de los focos y las rotativas. Gracias.

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Carta abierta a Teresa

Querida Teresa:

No sé si algún día leerás esta carta, en el mundo digital nunca se sabe. He decidido escribirte porque, entre todo lo que he leído sobre el Ébola, me falta algo. Sé muchas cosas sobre ti (que no se deberían haber publicado), tengo cierta idea de lo que pasó (hay tantas contradicciones…) pero aún no he encontrado a casi nadie que se preocupe de lo que verdaderamente importa: .

No he visto a nadie ponerse en tu lugar. Yo lo intento y me imagino tu miedo al ponerte el traje por primera vez, sin casi formación. Me imagino tu angustia cada vez que te ponías el termómetro. Tu indefensión cuando, desde salud laboral, quitaban importancia a tu malestar. Imagino tu intranquilidad pensando que has podido contagiar a otros. Tu angustia intentando revivir qué pudo salir mal. Tu enfado al ver como tu “quizá me rocé al quitarme el guante, porque es lo más crítico” se convierte en un “confiesa que se tocó la cara”. Como si hubieras estado jugando a la ruleta rusa en vez de atendiendo a un paciente de alto riesgo biológico.

Imagino tu soledad en esa habitación de aislamiento, la pena por tu perrillo que no has podido compartir con nadie. La rabia cuando veas cómo los de arriba te abandonan y te convierten en arma política, en ocasión de conservar o no su poder.

Me siento muy identificada contigo, porque a mí tampoco me ha enseñado nadie a ponerme el traje de seguridad. Es más, en mi hospital no hay monos, solo batas impermeables y mascarillas, que dejan muchas zonas expuestas. Y las respuestas de los responsables son deplorables. Me imagino tu indignación al pensar que tu desgraciado contagio ni siquiera va a servir para que se revisen los protocolos y se mejore la formación, para proteger a tus compañeros.

No salgo de mi asombro cuando oigo cómo los que te han puesto en riesgo por la improvisación, por los déficits en gestión, por un protocolo que reconocen erróneo, por no asegurar que alguien te supervisara y ayudara a quitar el traje, quieren ahora culpabilizarte y lavarse las manos. No sé cómo te contagiaste. No sé qué pasó en el centro de salud y en Urgencias, no sé si tardaste en avisar de tu contacto con el virus, pero nunca se me ocurrirá juzgarte. Tu nivel de angustia en ese momento podría haberte llevado a hacer cualquier cosa. Quizá tenías miedo de que te remitieran de nuevo al Carlos III, a ese servicio de salud laboral que no te hacía demasiado caso. No lo sé. Solo sé que te contagiaste haciendo tu trabajo, ese trabajo tan bonito que tiene un solo nombre: CUIDAR. Que quizá llevaste un poco de consuelo a los últimos momentos de los misioneros fallecidos. Que debes estar orgullosa de tu profesión, aunque te haya puesto en riesgo.

Cuídate, Teresa. No hagas caso a todas las tonterías que se han dicho y que se seguirán diciendo. Cuentas con el apoyo de tus compañeros. Con el de todos lo sanitarios, que admiramos tu valor al exponerte al contagio. Confía en los cuidados y la atención de los profesionales, que son lo mejor de este maltrecho sistema sanitario. Ojalá todo salga bien. Te esperamos en unos meses para celebrar tu curación, quizá en una nueva Marea Blanca. Ánimo, Teresa. No estás sola.

@anadeph

* La enorme difusión de esta entrada me obliga a recordar que este blog tiene activada la moderación de comentarios. No se admiten comentarios agresivos, insultantes o que puedan resultar molestos para otros lectores del blog (espero que no se me haya colado ninguno, porque van cientos de mensajes). El aluvión de mensajes me impide contestarlos a todos, y hace que a veces la moderación sea un poco lenta. Gracias por entenderlo.*

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Del ébola y los protocolos. Rudimentos de seguridad clínica.

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No voy a comentar la oportunidad de la repatriación ni las medidas de aislamiento que se tomaron con los dos misioneros infectados. Ni siquiera el protocolo de manejo de los sospechosos, o la formación (un mail y gracias) que hemos recibido los sanitarios en Madrid. Voy a hablar de seguridad clínica, que parece que hay muchos que no saben de esto, incluso en puestos de mucha responsabilidad. Porque no cabe duda que lo que ha ocurrido en el Carlos III es un gravísimo fallo de seguridad. Vamos por partes.

La cultura de seguridad está muy de moda. Y es bueno que lo esté. Porque la asistencia sanitaria genera eventos adversos y es esencial minimizarlos. Para ello se han adoptado modelos de la práctica empresarial que resultan muy útiles. Curiosamente, el propio Ministerio de Sanidad ha dedicado mucho tiempo y dinero en convencernos a todos. Por eso sus declaraciones recientes me chirrían tanto.

Generalmente se utiliza el modelo de los agujeros del queso. Por mucho que digan nuestros ministros, el riesgo cero no existe: todos los procedimientos pueden tener errores (agujeros), y es importante poner barreras a distintos niveles para que el agujero no atraviese completamente el queso. Así:

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En el caso de la profesional contagiada, todos los agujeros confluyeron. Un desastre. Así que tenemos lo que se denomina un evento centinela: un evento adverso que nos avisa de que algo puede fallar (y de hecho ya ha fallado). Así lo define el propio Ministerio de Sanidad:

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Un evento centinela puede ser una catástrofe, pero tiene un lado bueno: si lo detectamos, sirve para poner medidas (más barreras entre los agujeros) y evitar que el desastre se repita. Dice textualmente el ministerio que hay que realizar con carácter inmediato un análisis cuidadoso de los factores que han facilitado su aparición y establecer cambios precisos. ¿Alguien oyó algo de eso en la rueda de prensa de ayer? Yo no. Ni en la de hoy en la Consejería.

Pero vayamos un paso más allá: los eventos centinela graves exigen lo que llamamos un Análisis causa-raíz, es decir, que no vale con quedarnos en las causas superficiales (“no se quitó bien el traje”) sino ir a la raíz (“¿había recibido formación correcta? ¿se había puesto alguna vez el equipo para ensayar? ¿tenía demasiada presión asistencial? ¿es una persona con contrato eventual -y que por tanto a lo mejor nunca había participado en los simulacros- la adecuada para tratar este tipo de pacientes?”) . Y mirad qué bien lo describe este gráfico (que no es mío, sino del mismísimo Ministerio de Sanidad):

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Es decir, que en la raíz está la organización, la gestión, la ley… O sea, el Ministerio, la Consejería, las gerencias… Incluso los servicios de Medicina Preventiva. Y esa parte del iceberg es de un tamaño mucho mayor que el resto de factores.

Por eso, la actitud de nuestros gestores de “todo se hizo bien”, y de “se van a seguir los mismos protocolos que se han seguido hasta ahora” da más miedo que el mismísimo virus. Los protocolos que se han seguido ahora han supuesto un sanitario contagiado de cada dos pacientes (por el momento). Da muchísima tranquilidad saber que no se va a cambiar nada, ya te digo.

Espero que la política deje pronto paso a la ciencia y alguien tome las riendas del asunto. Es suficientemente grave. Hay que revisar qué ha pasado y proponer mejoras para que no vuelva a pasar. Y es urgente. Vale ya de poner en riesgo a los profesionales. Vale ya de jugar a los expertos. Necesitamos expertos de verdad, no discursos políticos.

Dicho esto, todo mi apoyo a la paciente y su familia. Y a todos los que la atenderán, tal vez jugándose el tipo. Pero no queremos héroes muertos. Queremos profesionales que trabajen en condiciones de seguridad. Y como decía Einstein, no podemos esperar resultados distintos si seguimos haciendo lo mismo.

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Joseph Babinski: un gigante de la semiología

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Joseph Jules François Félix Babinski nació en París el 17 de noviembre de 1857. De origen polaco, sus padres emigraron a Francia ante las represalias rusas contra los movimiento independentistas de Polonia.

Estudió en la Universidad de París, donde se doctoró en 1884 con una tesis sobre la “esclerosis en placas” (esclerosis múltiple). Alumno de Charcot en el Hospital de la Salpêtrière, pronto se convirtió en su alumno preferido. De esta relación científica obtendría Babinski un gran conocimiento de la neurociencia de la época, pero también le generó un enorme problema: el tribunal que debía seleccionarle en 1888 para la docencia universitaria estaba presidido  por Charles Bouchard, enemigo acérrimo de Charcot. Ni Babinski ni Gilles de la Tourette, ambos discípulos de Charcot superaron el examen. Ya se ve que los cargos a dedo no son solo de nuestra época…

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Charcot dando una clase sobre la histeria. Babinski es el que sujeta a la paciente.

Decepcionado, Babinski abandona toda intención de dedicarse a la docencia, máxime tras la muerte de Charcot y Broca, sus principales mentores. Empieza entonces a a trabajar en el Hospital de la Pitié. Allí dispondrá de mucho más tiempo libre, que dedica a la investigación neurológica. Se le conocía como un clínico extraordinariamente observador, de pocas palabras, que basaba el diagnóstico en la exploración física, sin apenas requerir pruebas complementarias ni apoyo anatomopatológico.

Tras haber estudiado a fondo la “histeria” con Charcot (lo que hoy llamaríamos trastorno conversivo), se empeñó en encontrar criterios diferenciales entre dicha patología y las enfermedades orgánicas del sistema nervioso. Así descibirá la alteración del reflejo cutáneoplantar, por la que será universalmente recordado

En 1896, en la reunión de la Sociedad de Biología francesa, Babinski presenta un trabajo de apenas 26 líneas sobre el signo que tomaría su nombre. Lo llamó fenómeno de los dedos del pie, presente en pacientes con lesión piramidal o parálisis espástica congénita. No se centró en la extensión del pulgar, sino en la de todos los demás dedos. Se trata de un reflejo presente en los neonatos, por lo que se suele interpretar como una regresión a una etapa muy precoz del desarrollo. Hoy en día, la exploración del reflejo cutáneo-plantar forma parte de cualquier exploración neurológica.

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Esta imagen de la wikipedia contiene el clásico error: no existe el Babinski positivo o negativo, sino el reflejo cutáneoplantar extensor (signo de Babinski) o flexor.

Otros epónimos en su honor son los del síndrome de Anton-Babinski (ceguera occipital), el síndrome de Babinski-Frolich (distrofia adiposo-genital) y los de Babinski-Nageotte (consecuencia de la lesión bulbar unilateral), Babinski-Foment (trastorno vasomotor y trófico tras lesión traumática de los tejidos) y Babinski-Vázquez (tabes dorsal con alteración cardiaca y arterial).

Su extraordinario conocimiento de la semiología le permitió afinar en la localización de las lesiones neurológicas, e incluso describió una regla para localizar las lesiones medulares (regla de Babinski-Jarkowski). De este modo hizo avanzar la neurocirugía en Francia mucho antes de que existieran las pruebas de neuroimagen. De hecho, días antes de su muerte afirmó que su mayor contribución a la Medicina no era el reflejo que lleva su nombre, sino haber abierto el camino a Martel y Vincent, pioneros de la neurocirugía en Francia. En esos primeros años de la cirugía francesa, Babinski les había remitido pacientes con tumores medulares, facilitando a los cirujanos la exacta localización de la lesión.

Cultivado y amante de la música y la literatura, llegó a escribir una obra de teatro (Les détraqués) en colaboración con Pierre Balau, bajo el pseudónimo de “Olaf”. Aunque no se casó (vivió siempre con su hermano Henri), acogió a las tres hijas huérfanas de un amigo.

Babinski murió en París el 29 de octubre de 1932, a causa de una enfermedad de Parkinson que le había afectado durante años. En palabras de sus contemporáneos, había trabajado siempre para la neurología, no para su propia gloria.

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Yo no quería…

No es mi estilo juzgar a uno u otro hospital. Ya sabéis que no me gusta la gestión privada de la sanidad pública y que en algunas privadas en las que he trabajado no tuve buenas experiencias (en cuanto a medios, ética empresarial… nunca con mis compañeros). Y también os digo que conozco a muchos profesionales excelentes en el Hospital de Torrejón, muchos de ellos buenos amigos. Profesionales que tienen que lidiar, a menudo, con unas condiciones laborales bastante penosas. Y por cuya profesionalidad y ética pondría la mano en el fuego si hiciera falta. Pero es que me provocan y pasa lo que pasa. 

Esto es lo que pasó: el otro día, el presidente de la Comunidad tuiteaba que haber puesto el servicio de oncología radioterápica en el Hospital de Torrejón demostraba su apuesta por la sanidad pública. Así:

Imagen1Obviaba, claro, que el hospital de Alcalá (gestión pública) tiene muchos más pacientes oncológicos que Torrejón, y que los pacientes del área de Alcalá (o de cualquier otra) que se deriven a Torrejón se facturarán aparte. El regalito a Torrejón (gestionado por Sanitas) es interesante. Yo respondí en twitter y recibí, oh sorpesa, esta respuesta de @ppmadrid (que, por cierto, no me sigue en Twitter, que yo sepa):

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Ahí es nada, mejor que los grandes hospitales con cientos de unidades de referencia y un dilatado historial de excelencia. Mejor que el Marañón, la Paz, el Vall d´Hebrón o la Clínica de Navarra. Ni color, hombre. Total, que se ganaron un post. Es que en 140 caracteres no me cabía todo esto…

Para ser justa, he de reconocer que se agradece que PP Madrid, que no se prodiga a la hora de dar datos, me envíe referencias bibliográficas. Perfecto. Empecemos por ahí. El enlace es éste: una noticia de Libertad Digital que ni siquiera cita el informe original, y en cuya interpretación se columpian bastante. Pues vayamos al informe original, que es el famoso Top20 de IASIST. A lo mejor os suena IASIST, por aquel famoso informe que, según la CAM, decía que era más eficiente la gestión privada. Los propios de IASIST tuvieron que aclarar que su informe no decía eso en absoluto. Fue divertido.

Pero volvamos al Top20. IASIST explica su metodología así:

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Es decir, que solo valora a hospitales que voluntariamente se apuntan (un “pequeño” sesgo). Ya veis que solo se presentan la mitad de los hospitales del SNS y, si te revisas cualquier año, son sobre todo los de gestión privada (claro, mola mucho una nota de prensa de ese tipo como campaña de marketing). No tenéis más que ver la lista de ganadores del 2013: Torrevieja, Vic, Torrejón y Manises. Todos gestión privada menos Vic, que es un consorcio sin ánimo de lucro. A ver quién se atreve a decir en un congreso científico que son los cuatro mejores hospitales de España…

Además, no se publica qué hospitales se presentaron. Vamos, que los resultados  son cero transparentes (lo llaman confidencialidad) y por tanto valen bastante poco. Y que, desde luego, deducir que un hospital es el mejor de España porque gane esto, es bastante inexacto. A ver si va a resultar que IASIST les tenga que enmendar otra vez la plana: señores del PP, no lo han entendido bien.

Vale, entonces el TOP20 de IASIST no es lo más adecuado (que conste que mi hospital, que es bastante pequeñito, también ha ganado alguno de estos TOP20). ¿Entonces qué miramos? Ya dije aquí que a mí los datos del Observatorio de la CAM no me parecen los más adecuados. Muchos no reflejan realmente la buena práctica clínica, están muy influidos por la forma de codificar y por el interés del codificador en “venderse”, etcétera. Además, los de mi hospital que he podido contrastar no coinciden con la realidad. Pero es lo que tenemos, así que veamos…

- En cuanto a criterios de efectividad clínica, Torrejón se compara con hospitales de complejidad media (como debe ser). Así que no podemos compararlo con los grandes hospitales. Sin embargo las razones de mortalidad estandarizada, que sí se ajustan por complejidad, son menores en muchos otros hospitales. Incluyendo hospitales enormes y antiguos como la Paz. Lo mismo ocurre con otros muchos indicadores, en los que el hospital de Torrejón es ampliamente superado por otros hospitales de gestión directa. Entendedme, que para mí esto no significa mucho, porque el observatorio pinta un cuadro bastante imperfecto de cada hospital, pero como el PP nos lo vendió como lo más de lo más, deberían ser coherentes con esa explicación.

- Además, tanto el Rey Juan Carlos como Torrejón tienen los índices más altos de reingreso precoz en diversas patologías. Llamadme conspiranoica…

- Venga, vale, entremos en el juego de la Consejería y veamos calidad percibida. Que no es lo más válido que tenemos pero es a la que ellos se aferran. Pues resulta que de los 12 hospitales valorados en su grupo, Torrejón es el sexto en satisfacción (tiene por delante al Niño Jesús, Alcorcón, Getafe, Infanta Leonor e incluso a su vecino Príncipe de Asturias). Y lo mismo en cuanto a la satisfacción con la información.

- Si revisamos la actividad docente e investigadora, la mayoría de los hospitales le dan mil vueltas. Algo comprensible, ya que sus profesionales trabajan en muchas ocasiones con el agua al cuello. Pero es lo que hay.

Por favor, que nadie interprete este post como una crítica al hospital de Torrejón. No tengo ningún dato para decir que no sea un buen hospital. Sí conozco de primera mano algunas condiciones laborales indignantes (y ojo, que los ratio enfermera-paciente o la continuidad asistencial en la UCI se relacionan estrechamente con la calidad de la asistencia). Conozco también esto que publicó AMYTS sobre la “fuga de cerebros”, y las pegas que les puso el tribunal de Cuentas por subrogar servicios sin permiso…

Pero no pretendo criticar al hospital, y mucho menos a sus trabajadores. Solo quiero hacer ver que la defensa de la colaboración público-privada que hace a muerte el PP de Madrid se está volviendo cada vez más patética. Eso sí, ayer los médicos de mi TL nos echamos unas risas. Que nos quiten lo bailao.

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